<%@ language="vbscript"%> PROA 135 : EDITORIAL
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PROA A LA MAR · nº135

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EDITORIAL

 

No es secreto que España, a pesar de haber descubierto, conquistado y colonizado un gran imperio ultramarino, de haber mantenido los lazos marítimos entre él y la Métropoli durante siglos, de haber sido los primeros en circunnavegar el globo terrestre, de haber realizado hazañas navales como Lepanto, etc., etc., no ha sido nunca un país con conciencia marítima. Sólo así se explican los desastres de Cavite y Santiago de Cuba, que en este año conmemoramos y que en doce recientes infaustos años nuestra Marina Mercante pasara de ocho millones de T.R.B. a 0,8.

A propósito de Lepanto y de la indiferencia española por las cosas del mar durante el coloquio que siguió a la primera conferencia del ciclo que está teniendo lugar en nuestra sede social, uno de los Almirantes asistentes, tras insistir en las poquísimas referencias de nuestra literatura al mar, nos ilustraba sobre ello con el siguiente ejemplo: Cervantes que había batallado en el mar, que estaba orgulloso de haber participado en “la más alta ocasión que vieron los siglos” cuando hace llegar a D. Quijote y Sancho Panza a Barcelona, el primero se limita a preguntar al segundo que qué le parece el mar y éste se limita a responder que “es mayor que las lagunas de Ruidera”.

Todo esto viene a cuento de que hace unos meses informábamos del cambio de legislación de Portugal para facilitar la búsqueda y rescate de restos arqueológicos submarinos y hace unos días ha saltado a la prensa mundial la noticia de que Italia apresta a su Armada a esta labor de rescate en sus costas.

Nosotros tenemos la misma riqueza que Italia en yacimientos submarinos de naufragios de la antigüedad más todos los que se produjeron en nuestras flotas de ultramar, tenemos el archivo de Indias y tanta información que facilitamos a todo el mundo sin contrapartida alguna. Sin embargo, no ha habido ningún intento por parte española de rescatar estos tesoros ni de modernizar su legislación para incentivar las iniciativas de profesionales que puedan efectuar legalmente lo que ya se está haciendo de forma furtiva.

Desde aquí hacemos un llamamiento a nuestras Autoridades culturales, Armada, Museo Naval y Asociaciones relacionadas con el mar, para aunar esfuerzos y que por una vez no nos volvamos de espaldas a él