<%@ language="vbscript"%> Proa a La Mar: La Cartografía Marítima (II)
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PROA A LA MAR · nº135

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LA CARTOGRAFIA MARITIMA (yII)

El presente trabajo que firma nuestro Delegado Provincial en Alicante, es un extracto del artículo sobre “Cartografía Marítima” que figura como uno de los prólogos del catálogo de cartografía histórica de la comunidad valenciana en la que el señor Ferrer Marsal ha participado como asesor, autorizando expresamente a PROA A LA MAR su publicación, deferencia que agracedemos, dado el interés de su lectura.

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Por Juan Ferrer Marsal
Ingeniero de CC.CC. y Puertos
Delegado Provincial de la R.L.N.E. en Alicante


 

  En el presente, los mapas y planos son condensaciones de los conocimientos geográficos y de otras disciplinas del conocimiento de la tierra, como es la geología terrestre y de las plataformas continentales, las actividades económicas, las divisiones administrativas, etc., en las que se vierten todo tipo de conocimientos científicos, metodologías de representación y reproducción. Son los llamados mapas temáticos, que desde primeros de este siglo invaden el mundo de la comunicación y docencia.
  Los mapas portulanos, iniciados por los chinos con el empleo de la brújula, y perfeccionados por los árabes hacia el siglo X, aparecen en el extremo oriente y entran en el Mediterráneo hacia el siglo XIII. Constituyen las primeras representaciones geográficas concebidas como ayuda a la navegación y por tanto, precursoras de las actuales Cartas Náuticas. Se conservan ejemplares en la llamada escuela italiana, y en nuestra zona, de los mallorquines Angelino Dulcet (1939) y el de Abraham

 

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Cresques (1375), llamado por los franceses Atlas Catalán. El de Joan Martínez, el de Pere Rosell y otros. Su mayor desarrollo se produce en el espacio marítimo de la Corona de Aragón.
  Se trata de perfiles de la costa a pequeña escala. Tienen poco detalle y no son útiles como ayuda a la navegación de sabotaje. Nacen como resúmenes de los cuadernos de bitácora, donde se anotan los rumbos y distancias navegados. No se utilizan las coordenadas, ya que eran imposibles de determinar con los instrumentos de navegación de entonces. Este tipo de cartas fue usado hasta el siglo XVII.
  Como objetos de ayuda a la navegación, aún con una concepción que se aparta de las cartas, hay que destacar las vistas desde el mar de las ciudades costeras, de las que hay gran tradición y extraordinarios ejemplos en nuestro entorno: Alicante, Villajoyosa, Denia, Peñíscola, etc. Las vistas de ciudades de los siglos XIV y XVIII pueden considerarse precursoras de los planos de puertos y fondeaderos, y de las “vistas de la costa”, referidas a las siluetas de montes y cabos, que figuran en los modernos derroteros. Este tipo de representaciones no se toman con rigor científico hasta últimos del siglo XVIII, distinguiéndose entre vistas y planos. Se editan en libros denominados Atlas y Portulanos, utilizando para éstos últimos una denominación impropia que ha inducido a confusión en este substantivo. También merece un lugar destacado como antecedente de las descripciones y representaciones del litoral valenciano, la realizada por el Virrey Vespasiano Gonzaga en 1575, que incluye una “vista de pájaro” del puerto de Denia, así como las realizadas en esa época por Wyngaerde, que incluye tramos de la costa valenciana.
  El sistema de coordenadas, introducido por los geógrafos griegos y desarrollado por Ptolomeo, había caído en desuso en la edad media y no se recuperó para occidente hasta el siglo XV.

 

  Fueron también los geógrafos árabes, quienes los conservaron y mejoraron, como es el caso de Al Idrissi, que en 1154 confeccionó una importante obra. El sistema de coordenadas no se utiliza con fines náuticos hasta el siglo XVII.
  Mercator, súbdito de Felipe II, extiende en 1569 el sistema de coordenadas y la proyección de su nombre, mediante la cual, la distancia de los paralelos aumenta con la latitud, de modo que con las líneas rectas que unen dos puertos de la carta pueden medirse los rumbos, lo que resulta especialmente útil para la navegación. Estos sistemas de representación se habían empezado a utilizar desde principios del siglo XVI por los cartógrafos españoles, entre ellos, el valenciano Gerardo Muñoz.
  La pugna entre los portulanos y las cartas de Mercator seguirá todo el siglo XVIII, hasta que los instrumentos de navegación y la precisión de los relojes a bordo, permitió la medición de la Longitud y Latitud. En este espacio de dos siglos se van corrigiendo errores y se obtiene mayor precisión en las cartas, en un esfuerzo sin precedentes en la humanidad, que supone la era de los descubrimientos en el Atlántico y Pacífico. El Mediterráneo queda relegado a un segundo término, pero se inicia la cartografía terrestre regional, los planos de ciudades, puertos, etc. En 1622, Pedro Texeira publica la primera “Descripción de las Costas de España”.
  La moderna cartografía náutica con bases científicas se desarrolla en nuestro litoral a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII. Tras la reorganización del ejército, se crea la Escuela de Guardiamarinas de Cádiz (1717), el Observatorio Astronómico (1758), la Escuela de Ingenieros Marinos (1772) y el Depósito Hidrográfico de Cádiz (1770). Se cuenta con personal altamente especializado que permite la realización del Derrotero de las Costas de España, redactado entre los años 1783 y 1784 por el cosmógrafo de la Armada Vicente Tofiño de San Miguel

(CONTINUA)