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UN EJEMPLO A SEGUIR:
MUSEO VASA EN ESTOCOLMO |
| Cuando
recorro por segunda vez las salas de este museo marítimo donde se expone el galeón Vasa,
a finales de septiembre de este año, la primera vez que lo visité fue hace bastante
tiempo, siento la añoranza de que en España no hayamos seguido los mismos pasos en la
recuperación de nuestro patrimonio subacuático en las aguas principalmente del Golfo de
Cádiz (más de 500 barcos hundidos), y poder decir ahora que estamos en los niveles
culturales marítimos más altos que nos corresponden por la gran nación marítima que
fuimos. |
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| Contemplando la exposición
de la gran aventura de la localización y recuperación de este galeón en aguas de
Estocolmo, que se realizó en el año 1961 y que tan dignamente se expone en este museo
para conmemorar y describir este buque insignia de la marina sueca en el año 1628, deseo
dejar constancia de las pautas históricas y culturales que sirvieron para este hallazgo y
aprovechar también para impregnar aire fresco marítimo a nuestras autoridades para que,
con la confianza de los poderes públicos, pudiéramos emular e imitar efemérides
similares de nuestras marinas, con la consecución de nuevos museos como el del Vasa, para
que los hallazgos históricos se puedan mezclar con la realidad cotidiana, lo cual
contrastaría con el actual comportamiento de apatía que existe por estos proyectos en
España. |
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La historia naútica del
Vasa como galeón de la marina sueca es efímera en cuanto a su navegación, ya que se
hundió el 10 de agosto de 1628 en su viaje inaugural, reinando el Rey Gustavo Adolfo II
de Suecia. Funesto aldabonazo a las pretensiones del Rey de Suecia por no poder contar con
el mayor navío de su tiempo, pues el Rey solía decir que después de Dios el bienestar
de la nación dependía de su Armada.
El domingo 10 de agosto todo estaba listo para zarpar con un buen tiempo y
escaso viento y así, el capitán del Vasa pudo dar la orden: ¡Largar trinquete,
velacho, gavia y cangreja!. Así, la marinería largó 4 de las 10 velas y, al
navegar la nave junto a Tegelviken, llegó algo más de viento a las velas y el galeón
comenzó a escorar hundiéndose con sus velas y banderas desplegadas, pereciendo más de
la mitad de la tripulación. |

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En el siglo XVI Suecia
había estado en guerra con Polonia y el Rey Gustavo Adolfo II decidió armar una flota
para invadir este país, con lo que Suecia se vió obligada a completar una flota de
guerra con navíos mercantes y así poder aumentar hasta 25 nuevos barcos su Real Armada
porque en el año 1625 una escuadra sueca fue sorprendida por un temporal en la bahía de
Riga perdiéndose más de 10 barcos, con lo que se precipitaron los acontecimientos para
construir nuevos galeones.
Así, en el verano de 1628 se culminaba el trabajo de más de tres años de
carpinteros, herreros, pintores, tallistas, etc. para la construcción del real Vasa. El
citado se había construido con más de 1.000 robles, equipado con 64 cañones y palos de
50 m. de altura con muchos centenares de esculturas de madera, doradas y pintadas, en el
astillero que estaba junto al Palacio Real en Estocolmo. |
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Las razones
de este hundimiento han sido un misterio, elucubrándose varias teorías como, por
ejemplo, que el buque era demasiado inestable, que la obra viva era demasiado pequeña en
relación con el peso de los aparejos y la artillería, no suficiente lastre de las
piedras que llevaba como tal. En fin, después de numerosos interrogatorios con los
supervivientes, se llegó a la conclusión de que sólo Dios lo sabía, y así quedó
constancia, exonerando de culpabilidades a los mandos del galeón, y yo aporto que quizás
hay que buscar la razón de esta catástrofe en los escasos conocimientos teóricos en esa
época ya que sus constructores, sobre todo en Suecia, mantenían como secreto bien
guardado los planos de las construcciones navales y los cálculos matemáticos de la
estabilidad.
Hubo intentos de rescate del Vasa en el siglo XVII, siendo uno de los más
significativos el que efectuó el alemán Anfreas utilizando la campana de buzo
(funcionaba de la misma forma que cuando se mete en agua un vaso invertido, para que en la
parte superior de la campana se formara una bolsa de aire que era la reserva del buzo para
que pudiera trabajar con ganchos y herramientas en los restos de los buques).
{CONTINUA}
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