<%@ language="vbscript"%> Proa a la Mar: Museo Marítimo de Asturias
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PROA A LA MAR · nº135

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MUSEO MARITIMO DE ASTURIAS, LUANCO


Luanco, un pueblo de origen marinero, situado en la zona central de Asturias y a orillas del mar Cantábrico, reunía todas las características para ser sede de un Museo que recogiese toda la tradición marítima, por eso no es de extrañar que en 1948 se fundase un Museo marítimo, en medio de una espontánea colaboración popular, pues en Luanco existía una tradición artesanal, varias veces centenaria, de maquetismo naval que enlaza directamente con la existencia conocida desde el siglo XVII de carpinteros de ribera. La mar, a todos los que vivimos cerca de ella, nos deja o nos dejó algo suyo ¿Quién no tiene en su familia un marinero, marino, un pescador o algún apasionado de la vela?

Pocos o muy pocos, pues, incluso aquellas familias,que tradicionalmente se dedicaban a la ganadería o al cultivo de sus tierras, obtuvieron un complemento a sus ingresos familiares con las faenas pesqueras .
  Tras años de abandono, en julio de 1992 el Museo comenzó una nueva etapa, con más fuerza y más vida de la que jamás había soñado, gracias al trabajo y entusiasmo de la nueva dirección y de un grupo de voluntarios que prestan desinteresadamente su colaboración. Trasladado a unos nuevos locales, ha experimentado desde entonces un fortísimo crecimiento de sus fondos que le ha obligado abrir nuevas secciones de carácter etnográfico relacionados con la pesca y la carpintería de ribera, hasta el punto de que, a pesar de su antigüedad, puede considerarse un museo nuevo.
  La carpintería de ribera o la construcción de embarcaciones de madera, es un oficio de gran arraigo en Luanco, que además tiene la particularidad de haber llegado vivo a nuestros días, pues aún hoy existen varios talleres que mantienen su actividad, no sin grandes esfuerzos, pues la fibra está imponiéndose y desplazando el lugar que antes ocupaba la construcción en madera. Dentro de una tipología general, cada carpintero de ribera, tenía su propio estilo y como resultado, cada embarcación tenía un sello diferente. Las embarcaciones construidas en Luanco, tenían una peculiar gracia y esbeltez; se construían sin planos y no utilizaban la estopa, pues las tablas quedaban tan bien ajustada que no hacía falta calafatear.

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  El proceso de construcción de un barco está ampliamente recogido en una colección de fotografías que describe las distintas fases del trabajo, así como una extensa colección de herramientas o el banco de trabajo que estos artesanos utilizaban. Como ejemplo y joya de esta sala, un vapor de 1921 construido por un carpintero de ribera luanquín, realizado de forma totalmente artesanal. Se trata de una maqueta de 1,8 metros de eslora a escala 1:10, siguiendo las pautas que se empleaban en los astilleros de la época; hecha con pino tea y madera de Guinea no le falta ningún tipo de detalle, incluso algunas de sus piezas son móviles como las puertas, ventanas o la funcionalidad del timón. Tiene además, el costado de babor al descubierto para poder ver, en su interior, la sala de máquinas y la caldera, apreciar las cuadernas y toda su estructura interna. Para hacerse una pequeña idea del trabajo, basta con decir que su construcción requirió más de mil horas.
  La sección de pesca tradicional tiene también un claro carácter etnográfico. Formada por centenares de piezas, artes, aparejos y útiles de pesca utilizados por los marineros del Cantábrico. Paneles que ilustran con dibujos y texto cada tipo de pesca y ayudan al visitante a hacerse una idea de lo mucho que tenía que imaginar e idear esta gente para procurarse el sustento. Muchos de ellos son de gran antigüedad como la colección de arpones balleneros, ya que Luanco, como la mayoría de los puertos del Cantábrico era un importante puerto ballenero, habiéndose consolidado sus primeros asentamientos urbanos a partir de las gentes que llegaban del norte de Europa a la caza del cetáceo.
  Cinco salas más están dedicadas a la historia de la navegación. La primera de ellas, muestra los modelos de las naves hasta el siglo XVI; desde los barcos fenicios, romanos y vikingos a los barcos de la época medieval y moderna, con las naos, carabelas, galeras y galeones; en sus paredes cuelgan cartas y mapas, y una magnífica reproducción del Atlas de Abraham y Jehuda Creesques (siglo XIV).

{CONTINUA}