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PROA A LA MAR · nº135

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Política Española de Defensa

Al abordar las cuestiones de defensa y seguridad, lo primero que debemos recordar es que España estuvo prácticamente ausente de la escena internacional desde finales del siglo XIX. No participamos en ninguna de las dos guerras mundiales y después sufrimos un prolongado período de aislamiento político durante el cual se debatieron en Europa dichas cuestiones y se crearon, nada menos, que la Alianza Atlántica, piedra angular de las relaciones de seguridad, y la Unión Europea Occidental, en cuyo seno emerge la nueva
 

  Sin olvidar que existen precedentes históricos más lejanos, el punto de partida de la actual situación estratégica internacional es la aprobación, el 1 de agosto de 1975, del Acta final de Helsinki, en la que los paises firmantes declaramos nuestra intención de respetar, en nuestras relaciones mutuas, el principio de soberanía, de abstenernos de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza, de aceptar y considerar inviolables las fronteras de 1945, de arreglar las controversias por medios pacíficos, de no intervenir en los asuntos internos de otros paises y de respetar los derechos humanos, las libertades fundamentales y la libre determinación de los pueblos.
  Tengo para mí que todos los acontecimientos posteriores, algunos tan importantes como la caída del muro de Berlín, el de 9 de noviembre de 1989; la reunificación de Alemania, el día 3 de octubre de 1990; la firma del Tratado sobre Fuerzas Convencionales en Europa, el día 19 de noviembre del mismo año; o la disolución del Pacto de Varsovia, el 25 de febrero de 1991, tienen sus raíces en aquel hecho inicial y en las medidas de confianza, de carácter militar aunque de aplicación voluntaria, que se aprobaron en Helsinki y que son, en definitiva, el embrión de todo el desarrollo posterior en este campo.
  En España hay dos factores que condicionan nuestra actual política de defensa. En primer lugar, hoy el panorama internacional ha cambiado enormemente. La práctica desaparición de la amenaza bipolar orientada principalmente este-oeste, la remota posibilidad del desencadenamiento de un ataque masivo y por sorpresa y la aparición de nuevos riesgos multifacéticos y multidimensionales, constituyen el nuevo escenario estratégico que hoy observamos. En efecto, el panorama estratégico internacional ha sufrido un cabio drástico en la última década. La desaparición de la amenaza formidable procedente del Este ha roto el llamado “equilibrio del terror”, pero ha liberado nuevos riesgos e incertidumbres que provocan conflictos de menor intensidad, aunque largos y dolorosos, y que constituyen un auténtico desafío a la estabilidad, al orden y a la paz en el mundo.
 

 

  En segundo lugar, la adhesión de España a la OTAN y a la UEO, en 1982 y 1988, respectivamente, permite afrontar nuestra seguridad y nuestra defensa desde un enfoque preferentemente colectivo, a diferencia de la visión estratégica, eminentemente nacional e individualista, a la que estábamos acostumbrados en el pasado. De la confluencia de estos dos factores se desprende que España afronta una realidad compleja en un mundo incierto pero no por sí sola sino en conjunto con nuestros aliados.
  La actitud solidaria y activa de España en busca del establecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra, que expresa el preámbulo de nuestra Constitución, se traduce en que España, por principio, no identifica a ningún país como enemigo y renuncia expresamente al uso de la fuerza, y por supuesto de la guerra, como medio de dirimir cualquier diferencia política. Dentro de este principio, la actitud de España en el aspecto de defensa

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y seguridad tiene por único objetivo la protección de sus legítimos intereses.
  Aunque España se reserva la decisión soberana de defender sus legítimos intereses allá donde se vean amenazados, la coincidencia general entre nuestros intereses nacionales particulares con los más generales de la comunidad occidental justifica la tendencia a satisfacer aquellos dentro del contexto global de alianzas y organizaciones de seguridad. Por ello resulta natural que España contribuya a la definición y asuma como propia la

 

estrategia de la Alianza Atlántica que, como la organización de seguridad más importante que el mundo ha tenido en su historia, integra los intereses de cada uno de sus paises miembros en la defensa de valores comunes como nuestra integridad territorial, nuestra libertad, nuestra forma de vida, el sistema democrático que los españoles nos hemos dado, los derechos fundamentales, la economía de mercado y tantos otros que me abstengo de enumerar en aras de la brevedad.
  Pero una comunidad que quiera sentirse segura necesita también seguridad en su entorno porque la inestabilidad es un fenómeno contagioso y las consecuencias de los conflictos pueden ser imprevisibles. Entender como la defensa colectiva de los valores comunes va cediendo protagonismo a otros aspectos de seguridad es entender una parcela importante de la profunda transformación que el mundo está viviendo. El concepto de seguridad se ha ampliado y trasciende a la defensa colectiva para abarcar nuevas misiones orientadas a proyectar la estabilidad y a garantizar la paz en el mundo.
  Con este marco de referencia, pasemos a ver cual es el enfoque de la actual política de defensa. Del principio fundamental (España no tiene enemigos y por tanto no se siente amenazada) se deriva la estrategia española basada en el diálogo y cooperación, medidas enfocadas a garantizar la estabilidad, pero sin perder la capacidad de disuasión, prevención y gestión de crisis y, llegado el caso, adecuada respuesta ante una hipotética agresión.
  Por eso, el Presidente del Gobierno, ya en el Debate de investidura, estableció que la seguridad y defensa nacional se basan en la noción de la suficiencia defensiva, en la permanente voluntad de llevar a cabo la protección de los españoles, de sus derechos e intereses en el exterior, en la participación activa de España en el proceso de adaptación de la Alianza Atlántica a las nuevas circunstancias del mundo y de apoyar la ampliación del espacio de seguridad europeo a las nuevas democracias del Centro y del Este de Europa.

{CONTINUA}