<%@ language="vbscript"%> Proa a La Mar: La Liga Hanseática
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PROA A LA MAR · nº135

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LA LIGA HANSEÁTICA


En 1241, la ciudad alemana de Lübeck, creó una confederación o liga portuaria, a la que en principio se sumaron Bremen y Hamburgo y posteriormente entre otras ciudades Wismar, Rostock, Danzing (Gdansk), Colonia, etc. hasta alcanzar más de 90 ciudades. El objeto de esta asociación a la que se llamó Hansa o Liga Hanseática era la colaboración y asistencia mutua en el ámbito marítimo comercial, así como proteger su comercio de los ataques de los piratas del Báltico y el Mar del Norte. La Hansa, alcanzó su máximo esplendor en el siglo quince y se extinguió en el XVII, aunque algunas de sus ciudades han seguido conservando el espíritu hanseático, hasta épocas recientes.


El comercio de la liga llegaba por el este a Reval (Tallin) y Novgorod. En la península escandinava: Bergen, Oslo, Estocolmo y fueron puertos de grandes transacciones comerciales; la ciudad de Wisby en la isla de Gotland, fue construida por mercaderes alemanes, para utilizarla como gran centro comercial. Para defenderla se la rodeó de una muralla, dotada con cuarenta torres. En el oeste del mar del norte, Londres, Amberes, Gante y Amsterdam, tuvieron importantes tráficos, pero sin duda eclipsó a todos Brujas que pasó a ser el puerto más importante de la zona; se dice que hacia 1400 Brujas tenía un movimiento diario de más de 100 buques. Puede afirmarse rotundamente, que los mares del norte de Europa y el Báltico, estaban plenamente integrados en su esfera de influencia. Pero los buques de la Hansa llegaron también a las costas españolas y portuguesas, como comentaremos más adelante.
  Una de las causas, de la expansión hanseática, estuvo determinada por el buen precio de sus fletes. La liga apenas tenía burocracia en sus organismos. Señala el profesor Martín Marín, que ello es algo relativamente común en la tradición germánica de organización política. El organismo superior de las decisiones comunes era la Dieta general o Hansetage, cuyas reuniones únicamente tenían lugar, cuando la gravedad de los asuntos así lo requería.
  La todapoderosa Liga, estableció normas de comercio marítimo, estableciendo códigos de conducta e intervino muy activamente en la política de los países vecinos y hasta se afirma que llegó a deshacer y hacer reyes. Mantuvo buenas relaciones con la poderosa Orden Teutónica, cuyo gran Maestre formaba parte de la Hansa. También se relacionó con la Unión de Kalmar, que aglutinaba a Suecia, Noruega y Dinamarca e intervino en la política interna de Inglaterra, durante la guerra de las Dos Rosas; no obstante los fines básicos de la liga siempre fueron los comerciales.
  Las ciudades hanseáticas no eran soberanas, pero como afirma Céspedes del Castillo; cada una de ellas dependía de algún príncipe y en su conjunto del titular del Sacro Imperio Romano, pero en casi todas la administración municipal estaba en manos de los mercaderes.
  Entre 1391 y 1398, la Liga construyó el canal que une el río Elba con Lübeck, una estratégica vía navegable que unía el Báltico con el mar del Norte y que fue un antecedente del actual canal de Kiel, ello le permitió obtener una notable mejora económica en el transporte de voluminosas mercancías entre el este y el oeste.
  Para controlar la operaciones comerciales la Hansa, estableció una amplia red de factorías comerciales a las que les llamó Kontors, entidades semejantes a las antiguas factorías utilizadas por lo fenicios, durante su expansión mediterránea, que hacían las veces de consulados comerciales.
  De la península escandinava, se importaban todas las pieles que allí se obtenían: oso, ciervo, foca, etc. y las conocidas maderas del báltico. Pero quizás lo más significativo era la compra de grandes partidas de salazones de pescado. Al parecer en un solo año la importación de salazones, especialmente arenques, llegaron a superar las 90.000 toneladas. A cambio la Hansa, transportaba y vendía a Escandinavia grandes cantidades de sal procedentes de las costas de Normandía y de Portugal.
  De Rusia y a través de Novgorod, se importaban pieles y productos exóticos chinos que llegaban hasta aquí transportados por las caravanas, como en otro tiempo había ocurrido con los vikingos.
  En Inglaterra, se adquirían sus tradicionales excelentes paños y algunos metales ya conocidos en la época romana. A cambio se vendían en la isla los buenos vinos del Rin.
  El puerto de Visby, en la isla de Gotland, era el gran centro de depósito e intercambio entre el este y el oeste.

 

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  De Polonia y Prusia oriental, provenían grandes cantidades de grano y harinas.
  Sin duda, el centro comercial de mayor importancia fue Brujas, ciudad a la que también acudían los comerciantes y los barcos venecianos y en la que habían establecido un consulado comercial a semejanza de los Kontor a los que llamaron “fondaci” y donde además de comprar los afamados encajes de Brujas, los italianos vendían las especies que les llegaban de oriente. A Brujas, también acudían los mercaderes castellanos, a vender sus prestigiosas lanas de ovejas merinas y el hierro de Vizcaya, comprando a su vez telas flamencas y encajes de Brujas. Para competir en el comercio internacional, los cántabros habían constituido la Hermandad de las Cuatro Villas –Castro Urdiales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera–. Precisamente esta hermandad, en un solo año, 1293, importó telas flamencas por valor de un millón de maravedises.

{CONTINUA}