<%@ language="vbscript"%> Proa a La Mar: Cartografía Marítima
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PROA A LA MAR · nº135

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  Este trabajo es acompañado de una serie de reconocimientos de puertos y ensenadas que abarcan a toda la Comunidad valenciana y que supone la primera serie de reconocimientos científicos. Al año siguiente comienza la confección del Atlas Marítimo de España, encargado al mismo equipo. El trabajo se realiza entre 1785 y 1789 y para el litoral mediterráneo se emplea la fragata Santa Lucía y el bergantín Vivo. Los marineros de la Armada realizan una extensa labor, levantando la mayor parte de los fondeadores en uso y proyectando algunas obras portuarias.
  La planimetría terrestre de detalle mantiene en esta época unas formas y tecnologías poco científicas, muy alejadas de la perfección alcanzada en los planos de puertos y fondeaderos. El Archivo del Reyno de Valencia dispone de una extraordinaria colección de planos vinculados a expedientes judiciales y deslindes, algunos referidos al espacio costero, representado con un acusado primitivismo y falta de rigor que refleja el abismo conceptural y tecnológico entre el mundo abierto marítimo y el continental de finales del siglo XVIII.
  Los Ingenieros Militares, por su parte, siguen realizando planos de espacios portuarios con vistas a la construcción de obras defensivas, y los Ingenieros Marinos realizan levantamientos con vistas a la construcción de puertos, que han dejado importante cartografía en la Comunidad. Es el origen de los planos de las obras públicas, que en lo sucesivo y con rigor creciente serán desarrollados por los ingenieros civiles. El desarrollo del ferrocarril, de los caminos y puertos, durante la segunda mitad del siglo XIX y todo el XX proporcionará un extraordinario patrimonio de documentación gráfica y descripciones del territorio, básico para el conocimiento de la historia de nuestra ingeniería y del proceso de modernización de las infraestructuras.
  El proceso de revisión y mejora de la cartografía tiene una base científica, que en la Francia del siglo XIX alcanza un momento cumbre. Se miden con aparatos cada vez más precisos los continentes. En 1823 los matemáticos Biot y Aragó consiguen un enlace visual de la costa valenciana con Baleares, con reverberos en El Desierto de Castellón, El Montgó en Denia y Camvey en Ibiza, cerrando las medición de un arco de meridiano entre Dunquerque y Baleares, dando mayor precisión a las coordenadas de nuestro espacio. El Barón de la Puebla fue el entusiástico matemático valenciano que apoyó esta empresa y acogió a los científicos en un difícil momento político.
  La siguiente realización cartográfica del levante español se realiza hacia 1880 como renovación y mejora de las anteriores cartas. Es encargada al Capitán de Navío Rafael Pardo de Figueroa. Se repiten y actualizan todos los planos, incorporando las nuevas realizaciones.
  En la segunda mitad del siglo XIX aparecen los planos de las obras portuarias, que en los años siguientes van a transformar la fisionomía de los antiguos fondeaderos. Los puertos comerciales iniciados a últimos del XIX, los pesqueros iniciados hacia 1930 y los deportivos a partir de 1960, irán dibujando los últimos perfiles de detalle de nuestras costas. Las plantas de amarres, situación de los puertos de suministro, calados y otros detalles impensables hace algunas décadas, son objeto de cartas de detalle, que solamente en las costas españolas, tiene más de 250 instalaciones.
  La Comisión Hidrográfica de la Armada inicia una nueva serie de cartas a partir de 1960, en que se vuelven a actualizar y editar cartas, esta vez en colores, que han estado vigentes hasta la última década. La aparición de los sistemas de posicionamiento por satélite, mediciones de precisión, etc. han dejado obsoletas en fechas recientes la cartografía marítima, que hoy utiliza planos digitalizados escalables y otras técnicas de representación no basadas en el soporte papel, fáciles de actualizar.
  Las investigaciones oceanográficas, que se plantean en nuestro litoral a partir de este siglo, van a producir una importante información del medio marino, que cubre una amplísima gama de disciplinas: clima marino, vientos, oleaje, recursos pesqueros, reservas y parques naturales, geología submarina, batimetría de detalle, magnetismo, corrientes, depósitos de arenas, etc. Son testimonios de una creciente ocupación humana de este medio, reservado hace tan solo unas décadas a la navegación y pesca.

 

 

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  La extraordinaria velocidad con la que las obras públicas están transformando el territorio; carreteras, puertos, balizamientos, etc. hacen que los planos queden obsoletos en unos pocos años. Las publicaciones de mapas y cartas en soporte de papel serán cada vez más raras, y serán sustituidas por cartografía digitalizada visualizada en pantallas. Posiblemente las cartas que se publiquen en el futuro volverán a ser objetos de arte, estimuladores de la fantasía, como ya lo han sido tantas veces en la historia. Es posible que en el futuro, las cartas náuticas con soporte de papel y como ayuda a la navegación, no se encuentren a bordo de las embarcaciones. Las mesas de cartas llegarán a ser muebles inservibles.
  Las exposiciones cartográficas nos permite ver la enorme cantidad de usos, modelos y composición de estos objetos, reflejo de la evolución de las ideas del hombre sobre la tierra y de los avances tecnológicos para representarla. Cuando miramos por la ventanilla del avión, o vemos fotografías de la tierra tomadas desde el exterior, observamos una realidad que entendemos como cierta y accesible. Los mapas y cartas antiguos nos parecen representaciones poco rigurosas, pero en su defensa, hay que decir que nunca se entendieron como la vista desde el cielo de nuestro entorno, sino como una ayuda para su comprensión.
  Los mapas profusamente ilustrados con vivos colores, figuras, cartelas, alusiones a tierras fabulosas y aventuras de conquista, etc., siempre de uso limitado a reyes y grandes comerciantes, como estimuladores de su fantasías, fueron dando paso a representaciones más austeras que ganaban en perfección y utilidad. Cada época tiene su propia concepción de lo que es un mapa o carta, y por tanto, al analizar y estudiar los antiguos mapas, es necesario entenderlos con la mentalidad de su momento concreto, dentro de la fabulosa línea de evolución del pensamiento humano reciente.
  Con 50 siglos de historia, las cartas y planos representan mejor que cualquier otra realización, la capacidad de abstracción del hombre para comprender su entorno, empleando para ello, mitos, leyendas y métodos científicos.
  Son el testimonio del estímulo que ha supuesto para el hombre de todos los tiempos el conocimiento contrastado y la representación de su mundo.