REAL ACADEMIA ESPAÑOLA DE LA MAR 

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DISCURSO PRONUNCIADO POR D. FELIPE SEGOVIA EL 5 DE JULIO DE 2005 (ALMUERZO NAVAL)

Amigos:

Para que este término no sea simple cortesía, sino que tenga sentido real y profundo, tiene que existir un lazo espiritual que nos una y lo justifique. Éste existe: nuestro amor a la mar.

No oculto ni disimulo, sino que lo proclamo en todas las direcciones de la rosa de los vientos, mi gratitud más cordial y sincera por el honor que me ha regalado su generosidad, ya que no lo merezco por mis limitados méritos, al nombrarme Director de la Real Academia Española de la Mar.

Sólo puedo asegurar que pondré todo mi empeño en no defraudar su confianza, y estoy seguro de que llegaremos a Ítaca contando con su apoyo y magisterio, al existir una Junta Directiva excepcional que tomará las decisiones de forma colegiada. Yo seré solamente el tripulante al que han destinado a la cofa para que, ojo avizor, alerte de las rocas y arrecifes que encontremos al iniciar la travesía y así podamos alcanzar la mar profunda sin ningún percance.

De nuevo, gracias: en esa sola palabra se guarda y se expresa todo lo que siento.

Esta hora de la botadura de la Real Academia Española de la Mar, hora de plenitud, de orgullo legítimo por haber superado todas las dificultades en la construcción y aparejamiento del barco, sólo queda empañada al no estar entre nosotros José Ventura Olaguíbel, que ya navega en la mar de la paz de Dios. Mi palabra se hace ahora oración y su memoria deberá ser perpetuada al ocupar siempre el puesto de honor en la nómina de los académicos.

La velocidad del proceso final de creación de la Academia, gracias a la eficacia de sus mandos, José Mª Dutilh, José Antonio Fernández Palacios, Alfonso Ceballos, Fernando Poole -y aunque no nombre al resto, no los olvido- ha impedido que nos reuniésemos la Junta Directiva de la Academia, por lo que estas palabras sólo expresan mi pensamiento, con todos los errores que ello acarrea, y no el de la Academia, que se hará oficial y explícito cuando sean  las ideas y los ideales de mis colegas los que construyan el programa y definan los objetivos a los que debemos responder con nuestro esfuerzo. Y no detallo su finalidad y actividades porque figuran en los Estatutos que ustedes tienen en sus manos.

Real Academia Española de la Mar. Lo que durante muchos años fue sólo un sueño; hoy es ya una realidad. ¿Qué propósito nos ha animado a crear esta entidad, del más alto rango? Tal vez un brevísimo comentario de las palabras que forman su nombre arroje alguna luz que sirva para distinguir los contornos de nuestra Institución. Nacemos en la estela del platonismo, del ejemplo de sus académicos, de su campus, en el que se forjó el pensamiento que es uno de los tres pilares de nuestra cultura. Grecia, Roma y el cristianismo son los arbotentes de nuestra civilización, de nuestro concepto del hombre, de su dignidad y de su destino. Nuestra Academia deberá, mirando el futuro, tener siempre presentes sus raíces y hacer de la reflexión, del estudio, del perfeccionamiento hacia la sabiduría, los cimientos de cuanto construya.

En esta hora de la historia de la Humanidad es la confrontación de civilizaciones el rasgo más alarmante de ruptura y beligerancia entre los hombres. Hoy, que como en Salamina o Lepanto se está jugando el futuro de la Humanidad, poca utilidad tienen las armas convencionales. En esta hora, el escudo y la lanza para defender nuestra cultura son el rearme ideológico, la educación y formación de la sociedad, la influencia positiva en los medios de comunicación.

Amamos la mar porque es símbolo de la libertad. Amamos la mar porque cada vez que surcamos sus aguas, en cada travesía, ella es símbolo de nuestra trayectoria vital.

La mar une o separa. Es la vía más ancha por la que llegan y van las ideas, la cultura. Nuestro propósito es que la mar sea vínculo de convivencia, de unión, embajadora de los ideales de libertad y progreso. Deseamos contribuir a la pacífica convivencia de todos los hombres, desde la reflexión y la lección de la auténtica historia. Y ocupará el lugar primero en nuestra atención el que la mar sirva para unir a todos los pueblos de España.

Nuestra Academia asume el compromiso de defender desde el rigor del pensamiento los valores que conforman nuestra cultura, haciendo oír nuestra voz cuando sea menester, siendo símbolo de representación de esos valores, bandera fácilmente visible, que motive a todas las mujeres y hombres de buena voluntad en el deber de sostener nuestros conceptos esenciales, los que justifican y dan sentido a nuestra existencia.

Las Academias actuales han tenido su origen en una decisión regia o como institución creada formalmente para que eruditos de los diversos campos del conocimiento tuviesen acomodo. Nacidas en tiempo de la Ilustración, respondían eficazmente a los anhelos de la elite intelectual de aquellos tiempos. Pero ahora la sociedad es distinta, y diferente las exigencias a las que se debe atender.

Quienes piensen que vivimos una época vulgar y decadente, que no se limiten al lamento. Que no se pregunten a dónde vamos a parar, sino que respondan a la pregunta ¿qué puedo hacer por evitarlo? Y que actúen. Y que hablen, porque quien sabe sentir, sabe decir. Esa palabra que ilumina, que incita a todos los ciudadanos a despreciar lo plebeyo y elegir la excelencia, es hoy deber de las academias, foro de los más altos saberes. En el antiguo paradigma, todavía en uso, las academias eran torres de marfil endogámicas que en escasa medida influían en la sociedad. Hoy, ante unos medios de comunicación que por desgracia parecen no tener otro objetivo que el de degradar a mujeres y hombres, su voz debe ser valiente, viento recio que desde la autoridad que se proyecta desde su conocimiento superior contribuya al perfeccionamiento individual y social. Ese es el nuevo paradigma. El que propongo que siga nuestra Academia para que con su ejemplo consiga que el resto de las instituciones del mismo rango asuma los nuevos retos. Si vivimos en un tiempo municipal y espeso vamos a demostrar que existen la bondad, la belleza, la sabiduría. Vamos  a ser como el trago de ron del alba que remueve el cuerpo y despierta el alma. Conscientes del odio fiero que se tiene a todo lo elevado y singular y de que existe una peculiar fuerza de la gravedad que atrae hacia  lo vulgar, hay que luchar para elevar el espíritu. Seamos realistas: dedicar nuestro afán a la tarea de que nuestro pueblo sea más culto es tarea difícil, pues la realidad no siempre responde al deseo.

Academia Española. Por encima de las circunstancias políticas de cada hora, en una dimensión superior a los planteamientos partidistas, asumimos la obligación de tener la defensa de España, de su historia, de sus pueblos, como uno de sus objetivos inalterables

Academia Española de la Mar. El resto de las Academias tienen su ámbito de actuación en una dimensión concreta de los saberes: literatura, historia, bellas artes. La nuestra tiene un objetivo concreto, material y espiritual, como núcleo para su estudio: la Mar. Excede mi capacidad definir en la brevedad que exige este acto lo que guarda esa palabra. En nuestro código genético está el recuerdo de que nacimos de la mar y ansiamos volver a sentir la armonía del medio en que surgimos a la vida. La Mar es nuestro pasado: vida, vehículo de civilizaciones, escenario de culturas. Pero es también nuestro futuro de que exista un mañana venturoso. De su uso inteligente depende nuestra economía y fuentes de recursos. De su defensa, nuestra cultura y nuestra libertad. Y volvemos a la Mar y a España, a su historia, al Mediterráneo y el Atlántico, las dos proyecciones más luminosas de nuestro pasado.

El calificativo con que se inicia nuestro lema, Real, es un honor y un compromiso. La Corona, en cuyo entorno se ha forjado nuestra Patria, nos ampara con su regio manto y nos exige ser fieles a quienes la encarnan, hoy y siempre. Anuncio que ya hemos solicitado de S. M. el Rey que nos conceda una audiencia en la que, con nuestra gratitud y devoción, le hagamos saber nuestros afanes.

La REAL ACADEMIA ESPAÑOLA DE LA MAR es la primera que nace en el siglo XXI. Debe apoyarse en la tradición de sus mayores, pero utilizando a fondo el espíritu dinámico y de cambio de esta hora, inventando un nuevo paradigma para que sus acciones sean realmente eficaces. Nace con la fuerza que proporciona el no depender de grupo alguno, político, económico o de cualquier otro signo, sino de la iniciativa social, libre y responsable. Es una Academia nueva, y también inédita en su concepto.

Nace con afán de colaborar con las otras instituciones del mismo rango, aunque no descartamos sufrir alguna borrasca, ya que la incomprensión es la sombra de toda obra importante. Somos conscientes de que vamos a ocupar un lugar excepcional y necesario, y que vamos a intentar ejemplarizar el nuevo paradigma de las Academias.  Deseamos establecer lazos de colaboración sinceros con todas ellas, y no perder el tiempo en estériles disputas, aunque afirmo, sin que se vea un atisbo de vanidad, que si de una regata se tratase, es posible que dentro de pocos años sólo viesen de nuestra arboladura el palo mesana. Las Academias ni se justifican por sí mismas ni pueden llegar a ser solamente foro en el que alguna vez al año se reúnan sus miembros. La de la Mar, por ocuparse de un “objeto”, el más antiguo de todos, anterior a la lengua, a la historia, a las bellas artes, debe encontrar el equilibrio entre la tradición del pasado y el interés por todas las dimensiones del quehacer humano que de ella dependen, en el presente y en el futuro. Una academia es lo que son sus académicos. Los académicos de la Mar asumirán nuevos compromisos, además de los tradicionales, en el marco del nuevo modelo académico que propugnamos, y siempre con el fundamento de su rigurosa selección. La sinergia de sus saberes, arroyos caudalosos de agua limpia, al unirse en un río de ilusiones compartidas, encauzará hasta la Mar, que es nuestra finalidad, el éxito de nuestros afanes. La lección magistral de ingreso, obligatoria, no la hemos dictado quienes ahora ocupamos los primeros sillones. Había que empezar y actuar y eso hemos hecho. Pero no eludimos el compromiso que señala la tradición académica, que respetamos y que forma parte de nuestro nuevo estilo. Tengo la obligación de apuntarme para ir en vanguardia de quienes lean su discurso de ingreso.

De un recién nacido no se puede esperar más que balbuceos. Y de ahí, la falta de rigor de mis palabras al hablar en nombre de la Real Academia Española de la Mar, lo cual no me impide anunciar que la exigencia rigurosa en el pensamiento va a ser uno de los rasgos característicos de nuestra Academia y de sus miembros, elegidos entre las personalidades egregias de todos los campos de la acción y de la reflexión.

De quienes vamos a formar parte de su primera tripulación dependerá el prestigio social que se nos conceda. Y será desde esa consideración desde la que podamos hacer oír nuestra voz y ser atendidos nuestros consejos.

Nuestra Academia ha nacido de la espuma que las potentes olas de la Real Liga Naval han levantado con su eficaz acción durante décadas. La deuda es impagable y nuestra gratitud no conoce límites. Nos queda demostrar con nuestra ejecutoria que quienes dedicaron su esfuerzo para crear la Real Academia Española de la Mar tuvieron una visión acertada, al apostar por dar a España la institución del más elevado rango académico y cultural, que con el mismo ideal de la Real Liga Naval, encaminase al éxito, desde otra dimensión, aquella finalidad común. La mayor alegría y recompensa de los padres es comprobar que aquel niño que engendraron, que acunaron y llevaron de la mano, crece y forja su propia personalidad; que asume la responsabilidad de decidir su destino y que, gracias a sus consejos, elige el sendero más noble, aunque  sea el más difícil; y, sobre todo, que nunca olvida, sino que guarda la gratitud y la devoción más entrañable a quienes le dieron el ser y el saber estar.

Hoy, día preñado de ilusiones cumplidas, se crea oficialmente la Fundación Pro Real Academia Española de la Mar. Esa Institución no debe ser solamente el sostén económico de la Academia. Deberá ser siempre luz del faro que señala el rumbo seguro. Necesitamos el apoyo, el consejo, el aliento, y por qué no, también la crítica cuando sea menester, de la Fundación en toda nuestra travesía, aunque llegue un día, ojalá cercano, en que el auxilio económico sea sólo un complemento que nos permita abordar proyectos más ambiciosos; no, como ahora, recién nacidos, que tenemos en la Fundación la mano que nos da el alimento necesario, ya que aún no podemos ganar el pan de cada día.

Retomar la conciencia de la mar es un aprendizaje que, para que sea real y no un aluvión de datos inconexos, debe modificar las conductas. Los últimos avances de la psicología del aprendizaje indican la necesidad de que éste sea significativo y situado, es decir, próximo al hecho o al documento objeto de estudio, y sustentado en símbolos. El primer acto organizado por la Real Academia Española de la Mar responde a estos requisitos, y aún más, es símbolo de lo que será Dios mediante su travesía a lo largo de toda su existencia. El “Homenaje a Miguel de Cervantes en Lepanto” es claro ejemplo de la interdisciplinaridad de nuestro ámbito de acción. En él se unen la literatura, la historia, la geografía, la ecología, los saberes náuticos, el desarrollo de los valores más dignos del hombre. Y se produce sobre la mar, permanente referencia para todas nuestras actuaciones. Y la mar será yunque para que todos los participantes en la travesía, constituidos en comunidad de aprendizaje, ofrezcan el ejemplo a todos los españoles del respeto por nuestra historia, la garantía de que existe una juventud limpia, trabajadora y estudiosa, amante de su Patria y de su cultura, y de la obligación de homenajear a quien es ejemplo universal por su vida y por su obra: Miguel de Cervantes. Deseamos tener como modelo la vida y la obra de Cervantes en la Real Academia de la Mar. Porque ojala lográsemos despertar sus valores. Porque su trayectoria vital es inseparable de la mar.

Tienen a su disposición una publicación en la que se describen con detalle las características de este viaje singular y necesario. Ojala cumpla con todos sus objetivos y sea el golpe de campana inicial de la Academia que mueve con fuerza la cuerda para que su sonido despierte la conciencia de todos los españoles. Que el rememorar la gloria de la jornada del 7 de octubre de 1571 no es ni legítimo orgullo, ni añoranza del pasado; sino impulso hacia el futuro, hacia el perfeccionamiento de nuestra Nación, motivando a todos sus habitantes a que elijan el camino duro que conduce a la excelencia personal.

El 7 de octubre esperamos no estar solos, ni a la hora de descubrir el monumento a Miguel de Cervantes en la ciudad de Patras, la más cercana del lugar en que sucedió “la más alta ocasión que vieron los siglos”, ni a la hora de lanzar al mar la corona de laurel en su homenaje y en el de cuantos lucharon por sus ideales. Aunque aún estén pendientes de confirmación oficial, las declaraciones del Ministro de Defensa, en este caso sin duda portavoz de la sensibilidad y patriotismo de nuestra Armada, nos aseguran que, junto a nuestra goleta, estará un barco militar que rendirá los honores de ordenanza. Y aunque lo importante son los hechos y no las efemérides que señalen los centenarios, en este año en que vivimos han coincidido dos, ambos importantes, aunque de muy distinto rango: el IV Centenario del nacimiento del más noble caballero, que sin duda se alumbró en la mente del autor en la batalla de Lepanto, y el segundo, el de la batalla de Trafalgar. No estaría de más que una de las primeras publicaciones de nuestra Academia fuese el estudio riguroso de ambos enfrentamientos, situándolos con rigor y documentación en sus contextos históricos, dando a cada uno la importancia que merece en la historia de la Humanidad. Y sin olvidar que si en ambos combates nuestros soldados lucharon con idéntico valor y dignidad, en uno, crucial para mantener nuestra fe y nuestra cultura, triunfamos; y en el otro, de consecuencias mucho menores, perdimos. Y que en Lepanto demostró su valor y espíritu de sacrificio Miguel de Cervantes. Honremos a los héroes de una y otra contienda. No demos luz innecesaria a nuestras horas más tristes y olvidando las jornadas de gloria, porque el peligro del pensamiento oscuro es que las gentes lleguen a pensar que España no merece la pena.

Real Liga Naval Española, Real Academia Española de la Mar, Fundación Pro Real Academia, tres instituciones que tienen una finalidad común, aunque haya que definir en cada caso el lugar que a cada una de esas entidades le corresponda. No tengo la más mínima duda de que alcanzaremos siempre la mejor solución para lograr nuestros objetivos, incluso nuestros sueños utópicos, ya que sólo quien sueña con utopías consigue que alguna se haga realidad.

Y otra institución más. La Universidad Camilo José Cela. Desde su hora fundacional creó la Cátedra de la Mar. Ayer, a cargo de José Ventura Olaguíbel, ahora navegante por encima de las estrellas. Hoy la preside el almirante Poole y la dirige el doctor Ceballos. También tiene en su esencia la finalidad de las instituciones que anteriormente he nombrado. Habrá que situar  sus actuaciones en el ámbito más eficaz y en la más estrecha colaboración. Camilo José Cela amó la mar. Su última novela, Madera de Boj, está sumergida en ella. Cela sabía mucho de la mar. Sabía las cosas que saben los genios y que no vemos quienes estamos muy lejos del ágora donde ellos se reúnen. Sabía que por Cornualles, Bretaña y Galicia pasa un camino sembrado de cruces y de pepitas de oro que termina en el cielo de los marineros muertos en la mar. Sabía que la mar no para nunca sus latidos: zás, zás, zás, zás, y que cada golpe horada la roca de nuestra existencia pero que deja en la espuma que queda en sus coqueras una ilusión nueva. Esa es la ilusión con que la Real Academia Española de la Mar inicia su travesía. Que la luz del cielo guíe nuestro rumbo.

 

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