Bucear
en Gran Canaria
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En la
isla de Gran Canaria, en el municipio de Agüimes y más concretamente
en la zona de Arinaga, se encuentra la playa de "El Cabrón",
llamada así no porque hubiera algún dueño desaprensivo, sino porque
en el siglo XVI, arribó a dicha playa un barco al mando de un capitán
portugués apellidado Cabrón y que pretendía coger esclavos entre la
población guanche del barranco de Guiniguada. La derrota que
sufrieron las tropas extranjeras fue total y desde entonces así es como
se denomina a dicha playa.
En un extremo de la playa hay una zona rocosa que forma una especie de
ensenada protegida por dos puntas: la punta de la monja al Sur y la
punta de la sal al Norte. Dicha zona no es muy extensa, en total no
medirá más de 500 metros, pero la cantidad de vida es tal, que en
muy pocos lugares de España se puede encontrar tanta fauna y tan
diversa como aquí. Sin lugar a dudas es uno de los mejores sitios de
buceo, ya que se da en tan poco espacio, todas las condiciones para ser
un lugar ideal:
- Fácil acceso y salida.
- Aparcamiento sin problemas.
- Fondo delimitado por un veril con caída de 12 a 20 metros.
- Ausencia casi total de corrientes.
- Gran variedad de fauna marina.
- Punto de encuentro de buceadores.
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La
salida normalmente se hace desde "el agujero" y ya ahí nos
vienen a visitar grupos de salemas, chopas y sargos que no nos abandonarán
en toda la inmersión. Tomando rumbo S-E, pasamos por una
plataforma de 8 a 12 metros de profundidad donde podremos ver todo tipo
de vida minúscula entre las algas: cangrejos araña, nudibranquios,
cangrejos ermitaños y otra no tan minúscula: pulpos, morenas, abades,
salemas y si miramos hacia arriba: bogas, fulas y bancos de bicudas
(barracudas) pequeñas. A medida que vamos avanzando, la profundidad
aumenta lentamente hasta que nos encontramos con el final de la
plataforma y cae desde los 12 metros a los 20. A estas alturas ya
tenemos una estela de salemas y sargos que nos siguen a todas partes. (A
veces se fija uno en algún pez en especial por una mancha o herida y se
da cuenta que hasta el final de la inmersión nos ha seguido el mismo
pez).
Tomando como referencia la pared a mano derecha, nos
vamos encontrando con pequeñas cuevas llenas de berrugatos y María
Franciscas, así como alfonsiños, catalufas y grupos de abades y
viejas. Las primeras rocas que nos encontramos fuera de la pared, están
llenas de morenas que, en lugar de verlas nosotros, nos ven
ellas a nosotros ya que están con la mitad del cuerpo fuera de su cueva
y su boca abierta en aparente acción desafiante, pero nada más lejos
de la realidad. Son tan inofensivas que hasta se dejan acariciar.
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Al cruzar una pequeña montañita, vamos a parar de lleno a la zona
denominada "roncadores" por la gran cantidad de ellos que hay.
El cardumen es tan grande que en ocasiones no vemos al compañero aunque
esté a 2 metros de distancia. Cuando te sitúas entre ellos, te rodean
por completo y mires donde mires sólo ves cientos de peces. Es una
experiencia única.
Normalmente, sobre el banco de roncadores se encuentra otro de casi
igual tamaño de herreras y
sobre éstas, otro de bogas. Entre todas ellas y formándole pasillo
como en el fútbol, un gran número de bicudas de metro a metro y medio,
dando vueltas entre el cardumen buscando algún pez despistado al que
echarle "el guante". Entre las rocas y cuevas de
esa zona podemos encontrar morenas negras, morenas pico pato, peces
trompeta, meros, chuchos (pastinacas), catalufas, sargos, abades, peces
sapo y de vez en cuando angelotes y tembladeras. Parece mentira que en
tan poco espacio haya tanta diversidad de vida. Yo no me he encontrado
esto en ningún lugar de buceo de los que he ido.
Aquí encontramos la máxima profundidad (22 metros) y por lo general,
llevamos 15-20 minutos de inmersión y estamos a 130-150 bares con una
botella de 15 litros. Seguimos tomando la pared a mano derecha y
llegamos a "la cueva grande", la cual tiene 2 metros de alto
por 5 de ancho y unos 10 de profundidad. No tiene ninguna dificultad
entrar ya que en ningún momento se pierde la luz de salida. Al fondo y
a la derecha (como los WC en los bares), encontramos un pequeño hueco
con camarones, camarones de pinzas y cigalas pequeñas. También suele
verse una brótola o briota. Desde aquí ya toca
dar media vuelta y tomando ahora la pared a mano izquierda, volvemos sin
ningún tipo de problemas hacia el agujero de salida. Desde la zona de
roncadores y subiendo a lo alto de la plataforma, se llega a la salida
con sólo 20 kg. de aire consumido; si seguimos por el fondo, tardamos
unos 10 minutos y gastamos 60 kg. de aire. En todos los casos, se
llega sin problema ninguno a la salida. Hasta el que no conoce el lugar
encuentra el camino.
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La inmersión tipo dura 45 minutos y consume 140 kg. de aire de una
botella de 15 litros. Nunca se entra en descompresión y en la salida
estamos en un agujero de 3 a 5 metros de profundidad (dependiendo de la
marea), donde hacemos la parada de seguridad reglamentaria de 3 minutos,
aunque casi siempre es más ya que dicho lugar está visitado
regularmente por chocos (sepias) y se nos va el tiempo jugando con
ellos. Si en lugar de empezar la inmersión a mano derecha vamos a la
izquierda, tomando la pared a la izquierda llegaremos a la zona
denominada "punta de la sal". Hay menos vida, pero es más
grande: sargos más grandes, chuchos, gallos morunos, samas, bonitos
listados y medregales.
Hay una gerardia enorme 1 metro y medio de ancho por 1 de alto y un montón
de pequeñas gorgonias amarillas y rojas. También hay más profundidad:
33 metros y también suele haber corriente. Siendo la fauna de paso y
con la corriente y profundidad, no todo el mundo va a esa zona. Hay que
ser un buzo experimentado e ir con alguien que conozca la zona ya que el
consumo de aire es mayor y sí que se entra en descompresión la mayoría
de las veces. Si nos despistamos, hasta 10 minutos a 3 metros.
En días con calma podemos elegir entre 7 tramos distintos para hacer la
inmersión, que pareciendo iguales, puedo asegurar que no tiene nada que
ver un tramo con el otro.
Incluso de un día para otro varía tanto que no parece el mismo lugar
que ayer. Yo habré hecho unas 200 inmersiones en "el cabrón"
y siempre veo algo distinto. En otros lugares, el bucear varias veces
seguidas te cansa, pero aquí eso no ocurre. Siempre encontraremos algo
que se nos pasó inadvertido en la anterior inmersión.
Fuente:
Fernando
Ros Faig
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