Derrotero al Estrecho de Magallanes (1579-1580)

Pedro SARMIENTO de GAMBOA


SEGUNDO DESCUBRIMIENTO
del Batel Santiago

En el nombre de la Sanctísima Trenidad salió Pedro Sarmiento en el batel de la Capitana nombrado Sanctiago, y con Él Anton Páblos, Piloto de la Capitana, y Lamero, Piloto-Mayor de la Almiranta, y catorce Soldados marineros con arcabuces, espadas y rodelas, y con comida para ocho dias, viérnes once del mes de Diciembre de 1579. á las ocho horas de la mañana para descubrir la Mar y Puerto, para la boca del Estrecho.

Mapa del siglo 17Desde el islote de San-Buenaventura está otro islote menor la vuelta del Norte quarta al Nordeste, media legua. Llamóse Isla de Lobos, porque los vimos allí mui grandes; y de la una isla á la otra hai una restinga que revienta la mar en ella. Isla de Lobos demora con el Cabo de Sanctiago Nordeste - sudueste quarta de Norte-sur, y toma de la media partida, quatro leguas. Cerca de Isla de Lobos hai ocho brazas, piedras, entre muchas hierbas. La tierra que va entre Ancon de Arrecifes y la isla de San-Buenaventura (digo desde ancon de Arrecifes hasta el parage de San-Buenaventura), hace una gran anconada, y corre legua y.media hasta una punta y ensenada que Ilamamos ensenada de San-Francisco. Aquí desembarcamos en tierra por ser ya tarde para hacer noche. Y estándonos alojando, tiró un soldado un arcabuzazo á unas aves, y á la respuesta del arcabuz dieron muchas voces unos Indios que estaban en una montaña en la otra parte desta enseneda: y al primer grito pensamos ser lobos marinos hasta que los vimos desnudos y colorados los cuerpos, porque se untan estos, segun despues vimos, con tierra colorada. Y por entender lo que era, embarcãmonos en el batel, y fuimos adonde la gente estaba; y llegados en una breña entre unos árboles de montaña espesa, y entre ellos un viejo con una capa de pellejo de lobo marino que mandaba y hablaba á los otros: y en la costa brava junto á la mar, entre unos peñascos, estaban quince mancebos desnudos totalmente; y llegados á ellos con señas de paz, nos señalaban con grandes voces é instancia con las manos acia donde dexábamos los navíos: y llegándonos mas á las peñas les señalamos se llegasen y les daríamos de lo que llevábamos. Llegáronse, y dímosles de lo que teníamos. Sarmiento les dió dos paños de manos y un tocador, que otra cosa no tenía allí; y los pilotos, y soldados les dieron algunas cosas con que ellos quedaron contentos. Dímosles vino, y derramáronlo despues que lo probaron: dímosles vizcocho, y comíanlo; y no se aseguraron con todo esto. Po lo qual, y porque estábamos en costa brava á peligro de perder el batel, nos volvímos al alojamiento primero, y les diximos por señas que fuesen allá. Y llegados al alojamiento, Sarmiento puso dos centinelas por la seguridad, y para procurar de tomar alguno para lengua; y con la buena diligencia que se puso se tomó uno dellos, y luego Pedro Sarmiento lo abrazó y halagó: y tomando de unos y de otros cosillas, lo vistió y lo metieron en el batel, y nos embarcamos todos, y partimos de allí ya quasi noche, y fuimos á parar á tres Islotes que están en triángulo una legua de la Punta donde vimos esta gente; y por esto la nombramos punta de la Gente, Nornordeste-susudueste las islas con la Punta. Llamamos a estas Isletas, de la Dormida, porque fuimos allí á hacer noche y parar. La tierra que está entre la Punta de la Gente, y las Islas de la Dormida hace un gran Ancon, y es costa brava de mucha reventacion. No saltamos en las Islas porque llegamos mui noche. Dormimos en el batel.

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La puncta de San Isidro está en cincuenta y cuatro grados escasos. Desde esta dicha punta vuelve la costa firme del norte hasta una punta larga llamada punta de Santana, nornordeste-susudeste: y junto á la punta de Sancti Isidro está una playa de arena á manera de ensenada. Aquí vimos gente en tierra, y desde la playa nos dieron voces: por lo cual la llamamos playa de las Voces. Desde aquí va entrando la ensenada hastta la punta de Sancta Ana; y dos leguas desta punta de Santa Ana al sudueste en medio de la ensenada surgimos en siete brazas, buen fondo, que toda esta ensenada es de buen fondo; á lo ménos esto que nosotros sondamos. Aquí tomamos agua y leña; y estando nuestra gente en tierra, vinieron á ellos los naturales que nos habían dado voces, como se dijo ántes, y abrazaron á los nuestros y comenzaron á tratarse familiarmente unos con otros: y como Perdo Sarmiento lo vido desde la nao, les embió sartas de chaquiras, peines y cascabeles, bizcocho y carne; y estuvieron sentados con el Alférez y Hernando Alonso y con los demas christianos, que eran diez, en buena comunicacion por señas, y dieron á entender estar contentos con nuestra amistad con lo que se les había dado, y digeron que se querían ir á dormir, y que mañana volverían; y quedando, á lo que pareció, muy nuestros amigos, se fueron á sus chozas. Aesta bahía se llamó bahía de la Gente, y al rio que había allí, rio de San juan. En este rio tomamos la altura en cincuenta y tres grados y dos tercios.

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Mártes dies y seis de fébrero [...]
Pasada la punta dicha, que llamamos punta de Gente Grande, parece otra punta como cinco leguas al nornordeste, y pasada la punta de Gente Grande hace la tierra una ensenada, ó brazo la vuelta del leste: y porque ya era tarde surgimos en medio de la boca de esta canal del este en doce brazas buen fondo. Aquí corren las aguas mas que en todo lo que hasta aquí habemos andado de este estrecho de la Madre de Dios. Y, en surgiendo, pareció gente en la costa y nos dió voces: y para ver qué era y para tomar alguno de esta provincia para lengua, Pedro Sarmiento envió allá al Alférez y á Hernando Alonso con algunos arcabuceros en el batel; y llegados á tierra, los naturales de aquella provincia, que era gente grande comenzaron á dar voces y saltar acia arriba las manos altas y aleando y sin armas, porque las habían dejado allí junto; y el alférez hizo las mesmas señas de paz, y los gigantes se llegaron á la playa cerca del batel, y el alférez saltó a tierra con cuatro hombres, y los neurales les hicieron seflas que dejase el alférez la gineta, y se fueron retirando hacia donde habían dejado sus arcos y flechas. Y visto esto el alférez dejó la gineta y les mostró rescate que llevaba para darles: lo cual visto, los gigantes se detuvieron y volvieron, aunque rezelándose. Y como los nuestros vieron que se iban, apercibiéronse para que arremetiesen, y así arremetieron diez hombres que habían salido del batel con uno de los Indios, y asiéndole, apénas le podían tener; y entre tanto los demas arremetieron donde habían dejado los arcos y flechas, y volvieron con tanta presteza contra los nuestros flechándolos, que no se habían podido meter en el batel, y al fin los nuestros se embarcaron con el preso, y cargaron con muchos flechazos sobre ellos, y los hicieron echarse á la mar; y ayudándole á subir en el batel, y los naturales desta tierra disparaban muchas flechas, y con una hirieron por un ojo al tenedor de bastimentos: y al embarcarse se cayeron dos arcabuces á la mar. Y trahendo al preso se volvieron á la Nao, y el preso aunque lo regalamos (que él recibía de buena gana) nose podía asegurar, ni quiso comer ese día, no noche. Es crecido de mienbros.

Esta tierra es llana y sin monte: barrial muy poblado de esta gente, que á lo que entónces vimos; desde aquí hallamos la gente grande. Vieron los nuestros en tierra madrigueras de conejos como los de Castilla, y los naturales traían unas mantas de pellejos de vicuñas, que son de las del Pirú que se llama en lengua natural neuxo, y calzados abarcas: y pareció aquí tierra de buen temple para poderse poblar (refiérese Sarmiento a la costa NW de la Tierra del Fuego, nota de Juan Batista). Es gente temida de la gente que está mas hacia la Mar del Sur, y como gente valiente tiene la mejor tierra de la que hasta aquí vimos. Tiene gesto y aparencia de la tierra del Calláo: parece muy buena para ganado, hay lomas y, entre ellas, valles donde vimos muchos humos por estar allí la poblazzon, y debe allí ser lo mas templado. (De este comentario que tan poco se presta a la manipulación, nació la leyenda de los gigantes australes que habitaban una cuidad llena de palacios. Dicha leyenda estaba vigente en pleno siglo XVIII, nota de Juan Batista).

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Este cabo San Gregorio (Refiérese Sarmiento a la Bahía San Felipe, entre las dos angosturas magallánicas) es poblado de naturales; y porque vimos que comenzaba á entrar viento fresco poniente, que suele ser furioso no se quiso detener Sarmiento mas, sinó volverse al navío, porque no corriese riesgo [...]

Ese mesmo dia domingo veinte y uno de febrero ya tarde abonanzó algo el viento y se asentó la mar, y luego parecieron otra vez naturales en tierra dando voces y capeando (movían sus capas) ; y por ver qué querían, y saber algo de aquella tierra, Pedro Sarmiento fué en el batel y otros diez u ocho hombres. Y llegados a tierra, se mostraron solos cuatro indios con arcos y flechas en las manos, y hechas señas de paz, alzando las manos, y diciendo Axijtote, que quiere decir hermanos, saltamos en tierra; y los naturales tomaron un alto, y por señas entendíamos que decían embíasemos uno, y así se embió uno solo sin armas, con algunos dones de cuentas cristalinas y cascabeles y peines, y les dió; y luego dijeron que aquel bajase, y así lo hizo, y subió otra vez el alférez solo, y con él les embió el general mas dãdivas, y lo recibieron; y con todo no se quisieron asegurar. Y visto esto, Pedro Sarmiento mandó al Alférez que se bajase, y así lo hizo. Y como ni por dádivas, ni halagos los indios no se querían asegurar, determinó Sarmiento dejallos y subir á lo alto de la barranca por diferente parte de donde estaban los indios, por no escandalizallos, para sólo explorar la loma y llanos y canales: y puesta la gente en órden subió la barranca por una ladera arriba, y ántes que llegásemos á la cumbre de la barranca vinieron los cuatro flecheros, y sin dalles ocasión alguna y habiendo recibido los dones, comenzaron á despender muchos flechazos en el General, que iba delante, y en el Piloto-Mayor y Alférez, que iban á su lado, diéronles á cada cinco ó seis flechazos fuertemente dados y con gran presteza; y al General dieron una en la frente entre los ojos que fué á soslayo, y le hizo poca sangre, y otra en el lado derecho, que le defendió una cuera de anta, y las demás en la rodela; y al Alférez le pasaron la ropa y capelete, y le metieron otras en la rodela, y fué herido un soldado en el ojo. Nombrábase el soldado Pedro de Aranda, el cual como fué herido dijo : muerto me han ; y el Alférez como lo oyó dijo que se volviesen a bajo; y el General de tropel, diciendo : adelante, arremetió á los cuatro indios, los cuales huyeron con tanta velocidad que por presto que fuimos en lo alto, que estaba muy cerca, ya los indios parecían tan lejos que ningun arcabuz los alcanzara: y puesta la gente en órden seguimos la loma adelante por la tierra adentro por ver la tierra y dispusición. Descubrimos unos grandes llanos entre dos lomas muy apacibles á la vista y de muy linda verdura como sementeras, donde vimos mucha cuantidad de bultos como casas, que creímos ser casas y pueblos de aquella gente. No llegamos allá por quedar el navío en condición, por quedar con poca gente y ser menester mucha para valer un navío cuando viene la furia de la tempestad, que aquí siempre se ha de esperar, aunque esta es tierra mas templada que las demás pasada [...]

de: Pedro Sarmiento de Gamboa - Derrotero al Estrecho de Magallanes, Edició de Juan Batista

Fuente: Relatos de Viajes a Tierra del Fuego