Desastre ecológico en Galápagos


El 23 de enero, el buque carguero Jessica se encalló en un bajo de rocas volcánicas en Shipwrek Bay o Bahía del Náufrago, entrando al puerto Baquerizo Moreno de la isla San Cristóbal.El barco transportaba 220000 litros de búnker, un combustible mezcla de petróleo crudo y refinado, para abastecer al crucero-hotel Ambassador II.

El Jessica también traía 180000 litros de diesel oil, más liviano que el búnker, para abastecer la flota de 300 pescadores que hay en la isla y que no quieren mucho a los animales autóctonos ni a los ecologistas que los protegen. De hecho, cada vez que el gobierno ecuatoriano les impone alguna restricción a su actividad, invaden el parque nacional y secuestran o asesinan a algunas tortugas Galápagos, especies hoy en extinción.
Así, los pescadores consiguen, una y otra vez, que el gobierno ecuatoriano les aumente su cuota de capturas. Hace dos años los pescadores con licencia no eran más de 500; hoy hay más de mil.

El combustible derramado acecha en las islas. Ya murieron dos gaviotas endémicas de las Galápagos, y morirán algunos animales más. Pero la verdadera catástrofe ocurrió en 1485, cuando llegaron los humanos. Desde entonces, el paraíso se vio amenazado; y las cosas empeoraron mucho, mucho más, en los últimos cinco años.

La llegada del hombre.

Primero llegaron los incas. Después, un obispo español, perdido, en 1535, en un viaje entre Perú y Panamá. Después vinieron los piratas y empezaron los desastres. Se comían las tortugas y casi las extinguen. Trajeron chivos, perros, chanchos, ratas y otras plagas. Casi destruyen el ecosistema. Después vinieron los balleneros provocando otro desastre. Luego, los cazadores de pieles de Europa y Estados Unidos dejaron a los lobos de mar al borde de la extinción.

Después, el gobierno de Ecuador tomó posesión y construyó una cárcel. Llegaron los uniformados para ocupar las bases navales. Después, los grandes pesqueros  de Japón y Taiwan y otra ola de depredación salvaje. También aparecen los pescadores locales que extraen las últimas reservas de langosta y pepino de mar. Finalmente, los turistas, los aviones, la urbanización, la contaminación de agua potable y los grandes cargamentos de combustible, que provocan desastres ya mencionados.

En 1950 los habitantes del archipiélago no llegaban a 1000; hoy superan los 16000, y la ola inmigratoria no para. Hay una veda de residentes, pero los permisos se compran.
Para los ecuatorianos, ir a las islas es un gran negocio. Para los turistas, un sueño. Y lamentablemente para los animales, los humanos no saben vivir en el paraíso.


Texto: 
planetaecologico.com