Islotes Columbretes

De origen volcánico, el archipiélago de las Columbretes, constituye uno de los parajes mas singulares del Mediterráneo. A 35 millas de las costas de Castellon, el archipiélago esta formado por cuatro grupos de islotes, a los que da nombre la mayor de sus islas: Illa Grossa, La Ferrera, La Foradada y El Bergantin o Carallot (32 m.),resto, este último, de la chimenea central de un volcán. La vegetación actual de las islas, y según se desprende de testimonios de viajeros que por allí pasaron, antes de la construcción del faro, en 1856, ha cambiado notablemente. Las sucesivas quemas, y la introducción de animales domésticos -totalmente desterrados en la actualidad- transformaron el entorno vegetal original, matorral esclerofilo-espinoso, en el actual matojal nitro-halofilo . Vestigios de aquella vegetación original, como lentisco y palmito, solo subsisten en un pequeño enclave de La Ferrera. Pero sin duda la mayor singularidad botánica, corresponde a la alfalfa arbórea, subespecie endémica de algunos islotes de Baleares y Columbretes.

La fauna de estas islas, se divide en dos grandes categorías: especies y subespecies endémicas, sólo existentes en aquellos parajes, y especies de aves marinas que utilizan el archipiélago, como lugar de nidificación. En el primer apartado, se han descrito al menos diez especies endémicas de artrópodos. Hay igualmente, en alguno de los islotes, poblaciones de una subespecie endémica de lagartija, Podarcis hispánica atrata. En el segundo apartado, colonias cada vez mas importantes de gaviotas, entre las que cabe destacar la escasísima de Audouin o la pardela Cenicienta, los cormoranes, o el halcón de Eleonor, eligen estos parajes para nidificar; a ellos hay que sumar diferentes especies migratorias, que han hecho del Parque Natural, una de las estaciones de anillamiento, más importantes de España.

Por lo que respecta a los fondos marinos alrededor de los islotes, la enorme diversidad de los sustratos y batimetrías del archipiélago, y su gran distancia de la costa, han convertido el entorno marino de los islotes, en verdaderos laboratorios biológicos, en donde se conservan especies ya desaparecidas en otros sitios. El coral rojo del Mediterráneo, no es más que un ejemplo entre otros varios.

El Parque Natural  

La Generalitat Valenciana, declara los islotes y su entorno marítimo, un cuadrilátero de casi 6 x 7 millas, Parque Natural, el 25 de enero de 1988. Desde mediados del XIX, la construcción del faro, y las consiguientes estadías de los diferentes fareros y sus familias, y más tarde las numerosas visitas a los islotes de pescadores de todo tipo, habían venido amenazando de muerte a las Columbretes. El delicadísimo equilibrio del entorno, con escasos espesores de tierra, que han tardado siglos en acumularse, las fuertes pendientes, los vientos, etc., dificultan ya de por sí la supervivencia de estos lugares; la presión humana incontrolada, acabaría con ellos. Nuestro equipo ha solicitado permiso para visitar el Parque, y el personal de guardia, tres personas, entre las que habitualmente hay un biólogo, se afana con gestos precisos en echar la pesada embarcación de servicio al agua, para venirnos a buscar al barco. Una vez a bordo, y a ras del agua, parece si cabe, más imponente, la figura de los dos islotes que cierran por el sur la rada de l'Illa Grossa: La Sinyoreta y El Mascarat.

Al empezar el recorrido para bordear l'Illa Grossa, descubrimos la prometedora colonia de gaviotas de Audouin, agrupadas en la ladera. Continuamos hacia el norte, y aparece una de las escaleras de desembarque, a pico sobre el mar, utilizada en caso de mal tiempo de levante. La cota más alta del archipiélago, esta en esta isla, con 67 m.

Desde allí, los dos potentes motores de la zodiac del parque, nos propulsan a través del canal que nos separa de La Ferrera, mientras Santi, al volante, sortea como puede las olas, evitando así, los brutales pantocazos contra la superficie del mar. En La Ferrera (43 m.), la única oportunidad de contemplar la vegetación original de los islotes, ladera arriba, afortunadamente inaccesible.

A poco más de una milla de La Ferrera, La Foradada lanza sus 55m. sobre el nivel del mar, desafiando a la erosión que la ha taladrado de lado a lado con el paso del tiempo. Al navegar por el estrecho canal que la separa del islote Lobo, no puedo evitar el pensar como será ese paso con mala mar; de hecho, todo el archipiélago esta sometido a las mismas circunstancias, y así lo manifiesta Capi, el segundo de los guardas que nos acompaña: "Aquí, cuando hay mal tiempo, lo mejor es largarse".

De La Ferrera al Berganti o Carallot, otros dos Km. de mar rizada, a toda velocidad sobre las olas. El Berganti, declarado reserva integral, sirve de experiencia piloto, que dicte el comportamiento a seguir con el resto del Parque. De su estado de salud, depende pues, el que las restricciones se acentúen o no, ya que, la liberalización de las actuales, nos parece improbable.

Descubrimos más al sur, en uno de los islotes cercanos, una pequeña concentración de seis o siete cormoranes, a los que tratamos de acercarnos a petición de Manel, quien, cámara en ristre, y tratando de conservar el precario equilibrio que le ofrece la zodiac, realiza su trabajo.

A la vuelta, la delicada carburación de uno de los motores, reduce nuestra marcha al 50%; como medida de seguridad, en Illa Grossa, siempre queda uno de los tres guardas.

Para desembarcar, la prudencia aconseja utilizar la grúa, la marejadilla pondría en peligro la embarcación al aproximarse a las rocas; Felipe, el tercero de los guardas, se encarga de depositarnos en tierra, con toda seguridad.

L'Illa Grossa, centro neurálgico de las Columbretes, ha soportado desde siempre la mayor presión humana, y exhibe en sus alturas diversas construcciones: el faro, la casa los guardas, el cementerio, una estatua de la Virgen, "La Cagaeta", gracias a los excrementos de la gaviotas. Cuatro o cinco lapidas en el cementerio, nos hablan del paso de los fareros y sus familias, y del encuentro con la muerte, de alguno de ellos, en esos parajes inhóspitos, lejos de toda civilización, y en donde la supervivencia dependía de muchos parámetros.

Siguiendo el camino que ningún visitante puede abandonar, nos dirigimos a la casa de los guardas, que han tenido la gentileza de invitarnos a comer, tras estas horas compartidas. Al calor de la sobremesa, y de un par de vasos de rioja, nos hablan de sus actividades en el parque, del control de las embarcaciones visitantes y su respeto del entorno, de las afluencias veraniegas, del contacto con la naturaleza, y de las duras condiciones de sus permanencias invernales, -hasta hace un par de años no había agua caliente- que son siempre superadas por el interés por el trabajo que los ha llevado a los islotes.

Hace ya un rato que el sol se ha ocultado por detrás de La Ferrera, y emprendemos la bajada de la ladera que nos lleva al embarcadero. Esta vez, la zodiac se acerca a la orilla, y embarcamos en nuestro velero tras un cálido apretón de manos con nuestros anfitriones. Por delante, 113 millas que recorreremos a motor, -el viento a rolado al noreste durante la tarde- para, tras veintitrés horas y media de travesía, recalar en el Port Olimpic.

Detrás, y ya en el recuerdo, esos parajes singulares, próximos y lejanos al mismo tiempo, eternos desconocidos del litoral mediterráneo, pero a los que sin duda vale la pena visitar y proteger. Son perlas raras.

Columbretes: Ficha Técnica

Situación:
a 35 millas de la costa de Castellón

Status:
Parque Natural

Visitas:
Con autorización de la Conselleria de Agricultura y Medio Ambiente de la Generalitat Valenciana y la Subdirecció Territorial de Medi Ambient (964.20.42.11)

Desembarque:
Illa Grossa.Resto de los islotes: desde embarcación.

Documentación:
Cartas náuticas del Servicio Hidrográfico de la Marina:48,836,4831.

Fuente:AguaBrava

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