· La Canción del Navegante por José María Dutilh Carvajal ·


He vuelto, sí
a ver el mar
feliz y enamorado
para compartir
la cautivante eternidad
narrada y densa
de este magma poderoso.

Este mar, poeta amigo
rociones de inspiración y pensamientos
tan grande y misterioso
su voz ronca y grave
siempre hablando
con silencio
s.

Sobre las blancas alas
del viento melodiosas
de mi gaviota blanquiazul
silenciosa y sensual
descubre sigilosos surcos
efímeros de sal
su redonda desnudez
breves mostachos nevados.

Eres bote y navío
chorros de acero
orgulloso y bravo 
invencible goleta corsaria 
en mi imaginación
bañada de ese olor
que despierta viejos sueños
la burbujeante espuma nívea
la madera cantada con ron.

Ágil, paciente y testarudo
amando al mar
valiente cachalote de fibra desnudo 
desvelas con tu proa altiva
un camino oculto, una herida
que ha de llevarnos
hacia donde sale el sol
allá donde un pequeño punto
se esconde en el horizonte
acariciando al mar.

He sentido el tesón, la calma, el valor
de quien lucha en la mar
como un centauro, hemos hablado
mi barco y yo
caballo que galopa gelatinosas praderas de sal.

Me ha vuelto a abrazar
puntualmente
la gran dama negra, elegante y fría  
besándome de estrellas
que me empapan de espacios abiertos.

Me dejo querer
de un silencio irresistible
que me canta interminables rumbos
que han arado el mar por un instante 
que han peinado la canosa cabellera 
de esta multitud de olas
gentío seco, sordo, abigarrado
en constante tertulia
agua y cielo.

Pequeños e incansables vigilantes 
desde su dominante altura cósmica 
observan mi lento trazo
vigilan acompañando mi guardia 
secretamente mi sueño.

Guías verdaderos
en la vasta sabana
de sal y sin mentiras

Mientras el recortado sol de plata  
esparce su tenue melodía de luz
sonrisas de la noche
transcurre el tiempo, el espacio, las palabras
desciende lentamente
obedeciendo la inexorable llamada
que la baja de allá arriba.

Un navajazo amarillo en el firmamento
ígnea una pasión encendida 
curiosas unas tras otras 
me mecen las olas
dulces lametazos
me han inundado de sueño.