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Asociación

 LA GRAN ARMADA

"Exsurge Domine, et vindica causam tuam"

Conferencia pronunciada el día 30 de Mayo del 2002 por el presidente de

la asociación D. Francisco Dotras Lamberti en la Casa de Galicia de Madrid

 

La mar tuvo al principio, un par de pretendientes, admiradores, enamorados, o ligues ( según concepto actual ): La marina mercante y la marina de guerra. No se sabe cuál fue la primera pero lógicamente fue la mercante, llamando así a la que servía para transportar mercancías y pasajeros, e inmediatamente después, la de guerra para proteger a la mercante.

También puede ser lo contrario; primero se limpia a la mar de enemigos, para que luego puedan navegar seguros los pasajeros y las mercancías. Hay un empate.

El hecho de subirse a un barco para pescar no supone el nacimiento de la marina de pesca- la tercera marina- el uso de barcos para pescar viene dado cuando el instinto de los peces primero, y la contaminación humana después, va alejando los peces de las costas.

Y finalmente, o casi finalmente ( porque hoy, ya no hay otras marinas), la marina deportiva, la 4ª marina, aparece, como sucede con todo deporte, cuando el hombre siente esa terrible necesidad de hacer algo importante y placentero. Así fue como nació, o la razón por la que nació, aunque ahora , como casi todo, su talante sea no sólo diferente, sino que sus fines, los deportivos, están tan adulterados que apenas se recuerda su origen, y por esto hago una alusión, en cierto modo crítica, a las motos de agua, e incluso a yates siempre amarrados a un pantalán, algunos claro, útiles sobre todo para fiestas y nocturnas cachupinadas. O también a la publicidad en sus nombres y en sus velas.

He citado estas cuatro marinas porque las dos primeras, la Mercante y la de Guerra fueron las que formaron la Gran Armada, sin entrar ahora en tecnicismos sobre si los buques mercantes estaban arrendados en Bare Boat o en Time Charter.

El caso es que aquella Armada Invencible que empezó a reunirse en Lisboa, estaba formada por buques de guerra naturalmente, pero también había muchos que eran mercantes a los que les montaron cañones, buques de transporte en los que embarcaron provisiones, repuesto, munición y también buques auxiliares para facilitar la comunicación entre los de gran porte, pesados y poco maniobreros.

Así es que Felipe II, harto de que otras naciones se apoderasen de los bienes que de las Indias venían a España, decidió un escarmiento y preparó La Gran Armada,

cuyo cometido principal fue navegar hasta los puertos de Flandes, embarcar allí los temidos Tercios y desembarcarlos en Inglaterra para acabar con aquellas sangrías que hacían peligroso el tráfico de riquezas de América a España. Acababa de nacer el concepto hoy llamado “ marines “.

Cierto que también había razones de religión, de prestigio, de orgullo, pero el verdadero fondo de esta empresa era tratar de aplastar la piratería, mas o menos tolerada, justificada o impuesta. No crean que soy demasiado duro al tildar de piratas a nuestros entonces enemigos.

Esto que suena “ piratería” como un pecado, una transgresión de la ley, ha de verse con los ojos de hace 400 años.

No sé muy bien como explicar esos “ ojos “, es decir la tolerancia o la convivencia con la piratería en la mar, pero les pondré un ejemplo. Hace 25 años en ocasión de un viaje a la Argentina, me contaban sesudos estancieros de la Pampa, que matar a un becerro por un extraño, para calmar su hambre, no es un delito. No estaba bien, pero se toleraba porque todos teníamos que comer. Pero si matabas el animalito y te llevabas la piel, entonces el peso de la ley te perseguía: no era solo hambre, también había afán de lucro.

Bueno, pues en aquellos tiempos, los de Felipe II, había buques similares a los que mas tarde navegaron con patente de corso, es decir, que había Estados o países que les autorizaban a piratear. Y también había hambre, y si esta no justificaba el pillaje, al menos no lo hacía escandaloso y fulminantemente reprobable, así pues había piratas y digamos piratillos a los que no vamos ahora a ponerles apellidos.

Bien pues ese fin primordial de la Gran Armada de limpiar la mar no se cumplió, y no se cumplió porque uno de los fallos, el mas estrepitoso para mí, fue que Alejandro Farnesio no embarcó a sus tercios en la forma y plazo previstos. Dios me libre de levantar infundios sobre el talante de los caudillos de entonces, sean Farnesios de tierra o Medina-Sidonia de mar, pero no es nada aventurado suponer una conversación, o un cambio de mensaje, mas o menos así :

" ¿ Tiene v.m. los barcos preparados para que mis Tercios suban a ellos con sus cabalgaduras, armas y bagajes, además de alojamiento para mis oficiales ? "

 
PROA a la mar

N.º145

   
 

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