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La
mar tuvo al principio, un par de pretendientes, admiradores,
enamorados, o ligues ( según concepto actual ): La marina
mercante y la marina de guerra. No se sabe cuál fue la
primera pero lógicamente fue la mercante, llamando así a la
que servía para transportar mercancías y pasajeros, e
inmediatamente después, la de guerra para proteger a la
mercante.
También
puede ser lo contrario; primero se limpia a la mar de
enemigos, para que luego puedan navegar seguros los pasajeros
y las mercancías. Hay un empate.
El
hecho de subirse a un barco para pescar no supone el
nacimiento de la marina de pesca- la tercera marina- el uso de
barcos para pescar viene dado cuando el instinto de los peces
primero, y la contaminación humana después, va alejando los
peces de las costas.
Y
finalmente, o casi finalmente ( porque hoy, ya no hay otras
marinas), la marina deportiva, la 4ª marina, aparece, como
sucede con todo deporte, cuando el hombre siente esa terrible
necesidad de hacer algo importante y placentero. Así fue como
nació, o la razón por la que nació, aunque ahora , como
casi todo, su talante sea no sólo diferente, sino que sus
fines, los deportivos, están tan adulterados que apenas se
recuerda su origen, y por esto hago una alusión, en cierto
modo crítica, a las motos de agua, e incluso a yates siempre
amarrados a un pantalán, algunos claro, útiles sobre todo
para fiestas y nocturnas cachupinadas. O también a la
publicidad en sus nombres y en sus velas.
He
citado estas cuatro marinas porque las dos primeras, la
Mercante y la de Guerra fueron las que formaron la Gran
Armada, sin entrar ahora en tecnicismos sobre si los buques
mercantes estaban arrendados en Bare Boat o en Time Charter.
El
caso es que aquella Armada Invencible que empezó a reunirse
en Lisboa, estaba formada por buques de guerra naturalmente,
pero también había muchos que eran mercantes a los que les
montaron cañones, buques de transporte en los que embarcaron
provisiones, repuesto, munición y también buques auxiliares
para facilitar la comunicación entre los de gran porte,
pesados y poco maniobreros.
Así
es que Felipe II, harto de que otras naciones se apoderasen de
los bienes que de las Indias venían a España, decidió un
escarmiento y preparó La Gran Armada, |
cuyo
cometido principal fue navegar hasta los puertos de Flandes,
embarcar allí los temidos Tercios y desembarcarlos en
Inglaterra para acabar con aquellas sangrías que hacían
peligroso el tráfico de riquezas de América a España.
Acababa de nacer el concepto hoy llamado “ marines “.
Cierto
que también había razones de religión, de prestigio, de
orgullo, pero el verdadero fondo de esta empresa era tratar de
aplastar la piratería, mas o menos tolerada, justificada o
impuesta. No crean que soy demasiado duro al tildar de piratas
a nuestros entonces enemigos.
Esto
que suena “ piratería” como un pecado, una transgresión
de la ley, ha de verse con los ojos de hace 400 años.
No
sé muy bien como explicar esos “ ojos “, es decir la
tolerancia o la convivencia con la piratería en la mar, pero
les pondré un ejemplo. Hace 25 años en ocasión de un viaje
a la Argentina, me contaban sesudos estancieros de la Pampa,
que matar a un becerro por un extraño, para calmar su hambre,
no es un delito. No estaba bien, pero se toleraba porque todos
teníamos que comer. Pero si matabas el animalito y te
llevabas la piel, entonces el peso de la ley te perseguía: no
era solo hambre, también había afán de lucro.
Bueno,
pues en aquellos tiempos, los de Felipe II, había buques
similares a los que mas tarde navegaron con patente de corso,
es decir, que había Estados o países que les autorizaban a
piratear. Y también había hambre, y si esta no justificaba
el pillaje, al menos no lo hacía escandaloso y
fulminantemente reprobable, así pues había piratas y digamos
piratillos a los que no vamos ahora a ponerles apellidos.
Bien
pues ese fin primordial de la Gran Armada de limpiar la mar no
se cumplió, y no se cumplió porque uno de los fallos, el mas
estrepitoso para mí, fue que Alejandro Farnesio no embarcó a
sus tercios en la forma y plazo previstos. Dios me libre de
levantar infundios sobre el talante de los caudillos de
entonces, sean Farnesios de tierra o Medina-Sidonia de mar,
pero no es nada aventurado suponer una conversación, o un
cambio de mensaje, mas o menos así :
"
¿ Tiene v.m. los barcos preparados para que mis Tercios suban
a ellos con sus cabalgaduras, armas y bagajes, además de
alojamiento para mis oficiales ? " |