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Se
trataba de una patrullera reemplazo hodierno de aquel bou transformado:
el Xauen, al mando del teniente de navío Ignacio Martel Viniegra: mi
padre. Con apenas cinco años subía de su mano al barco de su
encomienda. Hoy a volandas del tiempo lo hacía yo con sus cenizas a la
Cándido Pérez que fogonazos de la memoria parecían transformarlo a
ráfagas en aquel Xauen.
El buque
arreció motores hasta el umbral de la Bahía de Cádiz portando los
restos de un ilustre Almirante de tres estachas nacido a la vera de esas
aguas. La mar ligeramente encabritada avivaba el dramatismo del
cortejo.
Vibra la voz
de
Aguardia
de babor y estribor. Desgarra el aire el chirrido del silbato pitando
los honores de ordenanza. La popa busca el sotavento. A su socaire, mi
hermano volcó las cenizas-
Aenmaró-
sobre una estela amansada por la maniobra. Se arremolinaron al viento
brevemente con la alegría de algo que revive libre al flotar en el aire
en su caída al mar.
Una
breve oración familiar en semicírculo fraternalmente enlazado de
brazos sobre hombros. Un largo contemplar la estela aceleradamente
reverberante. Sazonada por las cenizas parecía petrificarse, testimoniar
un recorrido...la huella de mi propio padre.
ANDADURAS Y CAMINOS
Se
me ha pedido- apremiado- una semblanza de mi padre. He estado
demasiado cerca de él y su partida no se ha hecho todavía del todo
patente. Me falta perspectiva, particularmente necesaria para ver
lo que por su entidad |
uno
no alcanza a aprehender en su totalidad hasta empezar a tenerla a
cierta distancia.
No era mi padre de los que, según Machado, hacen camino al andar. Él
siguió el sendero ya trillado de Aquel que dijo yo soy el
Camino.....Su andadura por el mismo no era de las machadianas que
se
Aborran
como la estela el mar. Mi padre era un hombre de estela sólida. Por
donde navegó en esta vida dejo rastro... De él se puede decir para
bien: por aquí pasó Ignacio Martel.
SE METTRE MARTEL EN TÊTE
El almirante era un verdadero creador. Su pulsión creadora se
manifestaba esencialmente en la movilización y organización de sus
congéneres en torno a una idea musa. Con ello aspiraba al cristiano
compartir y a, de alguna manera, enriquecer el entorno humano de su
camino.
En
este afán irreprimible se erguía como el eje diamantino de Séneca
que tanto le gustaba recordar. Ese eje que desafía erecto, como un
hombre de verdad, los acaeceres de un signo u otro que girando en
torno suyo inútilmente tratan de abatirlo y ni siquiera logran
arañarlo.
Era un hombre de los que no se rendía. De casta le venía al galgo
como confirmaba el motto de uno sus apellidos: Potius mori quam
foedari-antes morir que rendirse. Cuando se proponía algo nadie
dudaba que lo conseguiría. A el le gustaba citar aquello de si es
difícil se logrará inmediatamente, si es imposible simplemente
tomará algo más de tiempo Algo de genético habría en ello. No en
vano los franceses, quizá en recuerdo del primer Martel de la linea
del almirante- el Carlos del mismo apellido-, explican este tipo de
determinación tesonera con la frase de se metía MARTEL en la cabeza:
se mettait martel en tête-.
NAVEGANDO EN EL VACÍO
Recuerdo un día, en
esa misma Bahía, visitada por un tímido e invernal Levante
mañanero.......Mi padre, a la sazón comandante del vetusto
destructor Lepanto, me había propuesto encerrarme en su cámara y
afrontar unas pruebas por el establecidas que lo aseguraran de un
cambio en el escaso entusiasmo con que me había preparado para un
inminente examen. Si al final de la mañana yo había superado las
mismas, -cosa que ocurrió- volveríamos a Cádiz desde la Carraca,
donde estaba el barco surto, en la ballenera del mismo. Entretanto
lo que empezó siendo un levantucho que se había desperezado con unos
soplos testimoniales, terminó convirtiéndose en una verdadera
levantera con un buen arsenal de algo más que soplos. Mi padre habló
de posponer el cumplimiento de su parte de nuestro acuerdo. Entre la
cara de desilusión que no pude esconder y la dificultad de aceptar
que un barco de vela, y tan marinero, como la ballenera se viera
vencido si lucha por el viento y el mar decidió continuar con el
proyecto. Nos acompañaba un nutrido grupo de oficiales que
decidieron correr nuestra suerte.
Se
podría decir que la embarcación más que abrirse, despegó del barco.
Recuerdo que a uno de los oficiales se
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