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El Juan Sebastián de Elcano visitó Almería a finales de junio y
allí fuimos a embarcarnos. En la mañana del domingo día treinta
efectuó una salida con invitados y autoridades de la ciudad y
pudimos contemplar el espectáculo de la elegante goleta de
velacho largando amarras entre las ágiles melodías de la banda
de la Legión sobre el muelle, que a su vez era contestada por la
banda de Infantería de Marina de a bordo. Más tarde, cuando el
Elcano volvió de su singladura matinal, nos presentamos al
oficial de guardia, quien nos alojó junto con otros invitados en
la camareta de guardiamarinas.
Las primeras impresiones
Sin duda, el perfecto orden a bordo, el brillo de los metales y
sobre todo la eficacia de la sargento encargada de nuestro
alojamiento nos impactaron. Pronto estuvo preparado todo para
zarpar, sonaron los chifles de los contramaestres y
majestuosamente en la tarde gris el barco se separó del muelle.
El momento de cargar todas las velas, tan esperado por nosotros,
no tardó en llegar y la estampa gallarda del buque escuela
atrajo a dos ferrys marroquíes que maniobraron para pasar por
nuestra banda y saludar.
La jornada a bordo
El comandante Rebollo nos tenía preparado un intenso programa
que no dejaba opción al aburrimiento. Diana a las siete y a
continuación desayuno. A las diez, la primera conferencia del
día. Éstas fueron impartidas por oficiales y nos permitieron
imaginar cómo deben ser las clases teóricas de los
guardiamarinas. Versaron sobre meteorología, maniobra de grandes
veleros, historia naval, etc. A las doce, gimnasia (el martes
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