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EL MUNDO HISPÁNICO

 UNA GRAN FAMILIA

   

Antes de iniciarse las vacaciones de verano, mi buen amigo el Secretario General de la Real Liga Naval española, el Coronel de Infantería D. Jesús Peiro Artal, solicitó mi colaboración para escribir un artículo que sería publicado en la revista de nuestra R.L.N.E.

En vísperas de vacaciones, el optimismo del próximo ocio que me esperaba, sumado al cambio de horizontes que nos aguardaba, entre los que siempre se encuentran las visitas a la familia desperdigada por nuestra geografía, me impidieron poner obstáculos al deseo de mi coronel; por lo que a medida que nos íbamos acercando al final de las mismas me iba dando cuenta de la calidad del compromiso contraído.

 

Volviendo de una boda en Galicia en la que había vuelto a reanudar viejos y queridos contactos familiares, pensé, en el avión que me traía de vuelta a Madrid, que nuestra familia no se acaba en nuestra patria, sino que se extiende por el mundo, allí donde se habla y se reza en nuestra lengua y con el cuál, nuestra R.L.N.E. sigue manteniendo especialísimas relaciones de afecto fraternal.

 

Por esta razón sentimental elegí, para cumplir con el compromiso contraído, el título que preside este trabajo y que no es otro que el que utilizó el gran hispanista ingles John H. Elliott cuando dirigió su magno trabajo “ The Hispanic World”. Permitidme, por tanto, que comience a hablaros de cómo se fue formando esta gran Familia del Mundo Hispánico, que desde 1492 se fue disgregando para ir creando, al otro lado del Atlántico, otro tronco que permaneció hasta el Siglo XIX unido al viejo roble familiar, como antaño permanecían juntos, bajo la autoridad del Jefe de Familia.

Los cambios generacionales, el afán que los jóvenes siempre han tenido de emanciparse y vivir su vida así como los grandes cambios que al comportamiento humano trajo la Revolución Francesa, hicieron que nuestra Familia perdiera su cohesión monolítica y que de ella se fuesen desgajando y creando otras naciones, en un proceso que no tiene parangón, sino en el Imperio Romano del cual, en nuestro Viejo Continente, todos nos consideramos herederos de su cultura y de sus enseñanzas.

 El gran historiador francés, Hipólito Taine, refiriéndose a la labor que realizaron los españoles en los dos Siglos que tardaron en descubrir, cartografiar, culturizar y cristianizar todo un Continente desconocido e insospechado, que cruza el océano de Polo a Polo, dice textualmente:”hubo un momento extraño y superior de la especie humana. España de 1500 a 1.700 es el país más asombroso de la tierra”. Federico Nietzche que no comprendía como aquellos “Superhombres” podían haber llegado al estado de decadencia en que se encontraban en el siglo XIX sentenció: “el problema de los españoles es que habían querido ser demasiado”. Quizás pensaba que para sobrevivir a la descomunal tarea llevada a cabo por España, se hubieran necesitado no “ Superhombres” sino Titanes Mitológicos. Por eso sus palabras, siempre me han sonado a brillantes elogios y, quizás a una oculta decepción por considerarla una raza irrepetible.

Sigamos hablando de nuestra Familia, de esa familia de la que dijo Borges: “Que debería llamarse la familia de Cervantes”, porque nuestros antepasados, siguiendo el ejemplo de Roma supieron llevar en sus conquistas la lengua española, como ese vehículo superior de civilización y de unificación que fue nuestro mayor orgullo, como lo fue el de Roma, el de imponer el latín como única lengua oficial del imperio.

 

 Nuestro Carlos V lo vio claro, cuando en una Audiencia con el Papa Paulo III en 1537, rodeado de sus Cardenales, les dirigió a estos la palabra en castellano con estas preciosas frases: “Eminencias, entendedme si queréis y no esperéis de mí otras palabras que las de mi lengua castellana, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida por toda la Cristiandad”.

 

¿ Cual fue el impulso que guió a nuestros antepasados a marcharse para crear ese mundo maravilloso de Hispanoamérica, que es una prolongación de España y del que hoy en día sois nuestros adelantados? Oigamos a Bernal Díaz del castillo, que, como Julio Cesar, además de gran soldado fue un gran cronista, para que nos aclare la pregunta. Se fueron “para servir a Dios y al Rey, llevar la luz a los que estaban en las tinieblas y además para hacer riquezas” no se puede ser más sincero ni más lacónicamente castrense.

 

Muy pocos hicieron fortuna, la mayoría murió en el intento y los pocos que sobrevivieron y pudieron volver triunfadores como Hernán Cortés, retornaron para ser enterrados en la tierra que aprendieron a amar con la espada en la mano. Estos pocos héroes conocidos y la inmensa mayoría de otros totalmente anónimos, fundaron para asombro de muchos, “ desde Córdoba y Valdés en Alaska hasta San Sebastián en Tierra de Fuego, 8.500 municipios; y sólo en los Estados Unidos de Norteamérica, donde nuestra presencia no fue tan intensa ni duradera, dejamos 2.00 nombres geográficos y 96 ciudades homónimas con España, sin contar  la más antigua de San Agustín de Florida que data de 1565, ni  la más moderna que fue San Francisco de California, cuya piedra fundacional se puso en 1776. Todo esto obliga al historiador norteamericano Charles F. Lummis en su obra “The Spanish Pioneer” que: “España produjo en un Siglo el equivalente a 100 exploradores de la talla de Henry Morton Stanley”.

 

Permitidme, querida familia hispánica, que os traiga aquí los extractos de unas cartas del conquistador de Chile, Pedro de Valdivia, a Carlos V, que aún hoy emocionan por lo que tienen de sabiduría y de amor a las tierras que iba descubriendo: “ Majestad, por la perpetuación de esta tierra, voy con el pié de plomo, poblándola y sustentándola, no para adquirir riquezas en España, sino para que dellas, después de mis días gocen mis herederos y quede memoria de y dellos, para adelante”....”A los mercaderes y gentes que quisieran venir a avecindarse, que vengan, porque esta tierra es tal que para poder vivir en ella y perpetuarse, no hay mejor en el mundo, pudiendo venir sin temor los que quieran porque no les faltará de comer, ya que hay tanto que sobra”

 

Ante esta llamada franca y noble  nuestros antepasados no se lo  pensaron dos veces y se fueron, dejando a España casi vacía, tal era el deseo de poblar nuevas tierras y hacer nuevos asentamientos. Los familiares de uno y otro lado del océano de hacían regalos. De España enviamos: el caballo, el cerdo, y casi todos los animales domésticos y de labor. Del reino de la botánica, casi todos los árboles frutales, los cereales, el arroz, la vid, el olivo, la caña de azúcar, el café, el lino, el cáñamo y una gran parte de las leguminosas. De vosotros recibimos: la patata, el cacao, el maíz, el tabaco, el tomate, la piña, el algodón y el ron. Fuimos creando esa institución tan bonita y tan nuestra como es la tertulia, sin olvidarnos de la merienda con chocolate, que tendríamos que recuperar de ese semiolvido en que la tenemos

 

   
PROA a la mar

Nº145

   
 

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