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En un derrotero de la costa norte de España que aún conservo
desde mis tiempos de agregado, leo hoy, no sin cierta
nostalgia de pasadas singladuras por ese eterno mar de
cántabros, astures y vascones, que «a una milla larga al W.
de la punta anterior (Punta Herio), se halla el Canto de
Laredo, que es un cabezo peñascoso y saliente en forma de
península. Produce un recodo por la parte del E. y otro por
el SW. En su parte E. existen los restos del antiguo puerto
de Laredo». Nos coloca así el viejo derrotero en el
abandonado escenario de una ilustre villa en la que la mar,
junto a sus hombres, ha trazado durante siglos el rico
acontecer de su larga historia.
En esa concepción moderna de la heráldica, que sitúa al
estudioso no sólo frente a un jeroglífico a describir con
precisión y propiedad, sino que amplia la dimensión de su
quehacer de especialista a la profunda comprensión de su
significado más auténtico, la ciencia histórica, con todo lo
que encierra de dimensión humana, se nos revela como la
fuente en la que se hace necesario beber.
Hoy, contemplando las lajas del puerto abandonado, uno evoca
sin dificultad y a golpe de imaginación la visita regia de
D.ª Isabel, allá por julio de 1496, cuando, más con zozobras
de madre que con preocupaciones de reina, llega a Laredo
para despedir a su hija D.ª Juana, que parte para confirmar
sus esponsales con el Archiduque de Austria. En tan fausta
ocasión, ciento veinte naves y 15.000 hombres, entre
marinos, escolta y acompañamiento, se hacen a la vela el 22
de agosto de aquel año, largando trapo hacia Flandes en esa
hermosa bahía que por el E. cierra el Canto de Laredo y, por
el NNW., a milla y media larga, el peñón santoñés.
Pero recordar paso a paso su historia marítima para
comprender la trayectoria de las armas municipales se hace
imposible en el reducido espacio de un artículo como el que
debemos escribir. Uno siente la tentación de desgranar paso
a paso las múltiples visitas regias; la fundación y
desarrollo de la Cofradía de Navegantes y Mareantes de San
Martín, de la que ya se tiene noticia escrita a comienzos
del siglo XIV; de la influencia en el gobierno de la Villa
de los cuatro linajes que defienden su condición de
fundadores (Escalante, La Obra, Cachupín y Villota del Hoyo)
cuya trayectoria vital estuvo siempre ligada a las armadas
para el Rey, a la construcción de naves, al comercio con
Inglaterra y Flandes o a la industria de pesca por el ancho
mar; al destacado papel jugado desde la fundación de la
“Hermandad de la Marina de Castilla” en 1296, donde ejercía
jurisdicción sobre la costa entre la canal de Galizano y
Sonavía, alzándose en la práctica con la capitalidad del
Corregimiento que formaban las Cuatro Villas en el s. XV.

Al
proceder al estudio de sus armerías, y considerar
necesariamente que son una particular forma de manifestarse
la emblemática medieval surgida como expresión espontánea de
los grupos humanos que configuran su sociedad, se hace
necesario mirar hacia atrás para encuadrar a la villa de
Laredo dentro de la política repobladora de Alfonso VIII, el
de las Navas (1158-1214) . Una política no exenta, en el
caso de las villas costeras del Cantábrico, de una visión
marítima de gran calado.
Quedó plenamente encajado Laredo en la
“estrategia de estado” del rey castellano, que buscaba
fortalecer la frontera norte de su reino, indudablemente
marítima, potenciando la construcción naval y creando o
desarrollando núcleos estables de población capaces de hacer
florecer una actividad comercial y pesquera generadora de
recursos económicos para la Corona. Es por ello que recibe
para su regimiento el fuero de Castro Urdiales: «Dono etiam
vobis et concedo forum de Castro urdiales perpetuo habendum»,
el 25 de enero de 1200, en Belorado, cuando el Rey, camino
de Burgos, regresaba de sus campañas de Navarra y de
afianzar su soberanía sobre los señorío vascos. La
consecuencia más inmediata será el ejercicio de un mayor y
significativo control castellano de la costa norte hasta el
Bidasoa.
El Fuero establecía un territorio de dominio de unos cien
kilómetros cuadrados, «fijándose sus límites -nos dice Pedro
Rasines del Río- en Oriñón por levante, el Asón por
poniente, y Udalla y Cereceda por el sur», quedando dentro
de este ámbito el actual ayuntamiento de Laredo, así como
los términos correspondientes a los municipios de Colindres,
Liendo, Limpias y Ampuero. Poblaciones que muestran hoy en
sus armerías elementos marítimos que podremos describir y
analizar en futuros artículos.
No se equivocaba Alfonso VIII en sus previsiones, la
repoblación de Laredo llevada a cabo en parte a costa de
derechos pertenecientes al monasterio de Santa María de
Puerto (Santoña) daría como resultado el nuevo florecer de
una actividad pesquera de carácter ancestral, que vemos
reflejada en el sigillum medieval de la villa.
Los sellos que se conservan en Nájera, bastante
deteriorados, son de cera marrón del tipo colgante (Ø 80 mm),
de doble impronta, pertenecientes a las cartas de Hermandad
General de los concejos de Castilla fechadas en Burgos en
1282 y 1295, y llevan en una de sus caras un único pez de
gran tamaño que muestra su lado derecho y ocupa de forma
proporcionada el mayor espacio posible del campo. En el que
guarda la Biblioteca Nacional de París (fig.1), de iguales
características iconográficas, las orlas presentan con un
poco más de claridad las leyendas, siendo la que acompaña a
la figura: + ET [...]RETVM : CONSILLIE[.] : [....]VI[.]LE.
En la otra cara puede apreciarse con toda nitidez la
impronta del castillo, como es bastante habitual en los
sellos pertenecientes a las villas de realengo castellanas.
Casado Soto ha querido ver un abadejo en esa representación,
mientras que, por su tamaño, el hecho de encontrarse en
solitario y guardar cierto parecido con el sello de Biarritz,
Echegaray prefiere considerarlo una ballena. En nuestra
opinión, la figura guarda un gran parecido con dibujos de
ballenas que encontramos en cartas de navegación del siglo
XVI, donde intencionadamente se prefiere exagerar atributos
del animal, antes que dar de él un retrato fidedigno. Una
concepción que formó parte también del diseño heráldico de
los primeros tiempos.
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Pero las tenidas por armas de Laredo más antiguas que se
conocen, aunque algún autor vea en ellas las del Cabildo de
Navegantes y Mareantes, se encuentran en el ángulo inferior
izquierdo de un pequeño cuadro enmarcado en plata que forma
parte del patrimonio artístico de la parroquial de Santa
María de la Asunción. Se trata de una pintura de la Virgen
de Belén, o de la Leche, del siglo XVI, sobre lienzo. De ser
estos los blasones del Cabildo Municipal, el escudo debe
pertenecer al período de transición de las armas
municipales, ya que el edificio del nuevo ayuntamiento, cuyo
proyecto se inicia en 1557, tiene en su fachada, en
correspondencia con el actual escudo de la villa, labras con
el motivo sevillano.
El paso del tiempo, que ha tenido necesariamente que afectar
a los colores, el pequeño tamaño de la representación, y el
trabajar sobre copia fotográfica, nos impide hacer una
investigación más profunda. En cualquier caso, sí podemos
decir que se trata de un escudo cuartelado (fig.2) al que
describimos del siguiente modo: 1º. En gules (rojo),
castillo redondo, de oro ¿.?, mazonado de sable(negro) y
aclarado de azur¿.?(azul). 2º. En azur, nao de babor, de un
sólo palo y cuatro obenques, la vela en viento de popa, todo
de su color, flotante en un mar de azur. 3º. En azur,
ballena echada, de su color, la cola alzada, retorcida a la
siniestra, arrojando dos chorros de agua, y nadante en un
mar de azur. 4º. En azur, árbol, al natural, terrasado, de
sinople(verde).

La razón de estas armas parece clara. El castillo y sus
esmaltes hacen referencia a su pertenencia a Castilla, como
veíamos en el sello medieval, aunque en un segundo
significado pueda representar su condición de villa
fortificada. La nao nos habla de la actividad marítima de
altura en la que practicaban sus vecinos en cualquiera de
sus modalidades. La ballena da cuenta de la importancia que
tuvo para sus moradores la pesca de este cetáceo, y el árbol
recuerda fueros y corregimiento. No debemos olvidar que bajo
un fresno situado a la entrada de la iglesia de Santa María
de la Asunción, como símbolo de las libertades, tomaba
posesión de su cargo el corregidor de las Cuatro Villas.
Pero
estas armas, que hace figurar Antonio de Moya en su Rasgo
Heroico(1756) y aún recogía Piferrer en su Nobiliario de los Reinos
y Señoríos de España(1860), hace mucho tiempo que han sido
abandonadas. El motivo sevillano, tan del gusto de la heráldica de
las villas costeras cántabras, que se generaliza en el siglo XVI
mediante la disposición en el campo del escudo de una torre, una
nave y una cadena, toma excepcionalmente en la Casa Consistorial de
Laredo (fig.3) la forma de una torre a la que circundan tres naves
de gran porte pero sin velas, como si de ejercer su bloqueo se
tratara,quedando la cadena en un primer plano sin que se aprecie la
intencionalidad de su rotura por ninguna de ellas.
Esta
ordenación, que convierte a las armas de Laredo en singulares, es la
que recoge la Real Ejecutoria de Felipe II de 1570 (fig.4), aunque
el diseño de las figuras sea distinto. En este último caso, la
torre, de dos cuerpos, cimentada sobre una roca casi a flor de agua,
se encuentra rodeada por tres pequeñas naos con la vela aferrada a
la verga de su único mástil, y no se ha representado la cadena. En
la actualidad, la concepción del escudo de la villa (fig.5) es la
misma, con la diferencia de estar la torre directamente sobre las
aguas y de tener una de las naos la vela desplegada, mientras que la
cadena se incorpora en un primer plano.
Por último, abordando el blasonado de este escudo, diremos: En azur,
torre cuadrada, de oro, donjonada, y con linterna, almenados los dos
cuerpos, plazada haciendo esquina, acompañada de tres naos de un
solo palo, también de oro, flotantes; las de los flancos de costado
y empopadas, con la vela, de oro, aferrada a la verga; la del
ombligo, de babor, en viento, la vela, de plata, cargada de una cruz
paté, de gules. Todo sobre un mar de azur, manchado de sable. En
punta, una cadena, de sable, combada de flanco a flanco. Bordura, de
oro, con la leyenda: ~ ARMAS DE LA NOBLE Y
LEAL VILLA DE LAREDO ~. |