|
GRANDAL;
EL HÉROE FERROLANO
Cuando comencé a concebir este modesto trabajo, algo en mi
interior se reveló en la primera intención de hacer una
crítica literaria al uso. Más que describir o valorar
simplemente una obra, pronto me di cuenta que mis
pretensiones llegaban mucho más lejos, por lo que aspiro a
que el lector reflexione con mayor profundidad sobre su
contenido, licencia que ruego me permitan compartir con
ustedes en estas breves líneas.
Mito por excelencia de la nuestra querida Ferrolterra,
Grandal, ese singular y entrañable personaje, nace de la
novela del mismo nombre escrita por Francisco Suarez García
hace ya poco más de un siglo y que bien de niños, o bien de
mayores (como reconozco es en mi caso), todos los ferrolanos
de nacimiento o de corazón hemos leído en alguna ocasión.
A todos nos vienen a la memoria algunas de las aventuras en
las que nuestro héroe que conseguía siempre salir airoso de
todos los líos en los que se metía, defendiendo su
fundamental principio: “Los fuertes siempre deben defender a
los débiles” (...o así desde luego debería ser...)., pero
dejando a parte la cara más divertida del relato, mucho más
interesante me parece descubrir todo lo que en ella se nos
esconde, y analizar desde la prudencia que me impone juzgar
una obra decimonónica desde la perspectiva de nuestros
tiempos, lo que el autor, por medio de inteligentísimos
guiños nos quiso transmitir, que no era otra cosa que su
particular homenaje a la ciudad y las gentes de Ferrol.
El Autor
Pero antes de realizar mi propósito, creo conveniente
introducir al lector aunque sea de forma somera en la
personalidad de D. Francisco Suarez, recordando algunos
apuntes biográficos que ayudarán a entender la intención de
mi interesantísimo paisano:
Nacido en Ferrol el 31 de marzo de 1827 recibió una
formación basada en las matemáticas y los idiomas que era
sin duda, la más idónea para desarrollar cualquiera de las
carreras de mar que a los jóvenes de su generación ofrecía
la Armada.. Después de ser admitido en el cuerpo de de
pilotos emigró a Montevideo en 1845, comenzando una intensa
actividad periodística. Es durante esta etapa de su vida
donde se forjó en sus ideales progresistas.
Regresado a la península, publicó en 1861 su primera novela,
“Los Guaraníes”, dedicándose a la docencia, impulsó la
prensa de nuestra ciudad, empeño que no abandonaría hasta el
día de su muerte. En octubre de 1868 presidió el primer
Comité Republicano Federal de Ferrol, llegando a ser elegido
en diciembre alcalde de la ciudad. En enero de 1870 funda la
primera logia masónica conocida de la Historia de Ferrol, la
denominada “Luz de Finisterre nº11”.
En octubre de 1872, durante la insurrección capitaneada por
el brigadier Pozas es nombrado presidente de la Junta
Provisional Republicana. Luego de fracasar la rebelión,
escapó a Madrid, donde permaneció oculto, pues pesaban sobre
él graves acusaciones pudiéndosele aplicar la pena capital.
Hasta que no se proclamó la república, no regreso a Ferrol
donde fue elegido presidente de su partido y Diputado en las
Cortes Constituyentes, donde destacó por su preocupación en
los temas sociales, destacando su propuesta de equiparar los
salarios de la maestranza de su ciudad natal con el resto de
Arsenales del Estado.
Durante su estancia en Madrid, estableció una imprenta y
regresado a Ferrol volvió a dedicarse a la enseñanza. Tras
la restauración monárquica, en agosto de 1875, fue de nuevo
perseguido al considerar el Gobernador Militar de la Plaza
elemento peligroso, teniendo que escapar a Portugal, donde
fue expulsado junto con otros correligionarios, teniendo que
establecerse en París.
Una vez calmada la situación, pudo volver de nuevo a Ferrol
en 1877, fundando un periódico llamado “La Democracia” del
cual era su único autor. Por fin en 1897 vería a la luz “Grandal”,
muriendo pocos años después, el 15 de marzo de 1900.
Su biógrafo y amigo, Santiago de la Iglesia, nos lo define
como un “Hombre de honradez poco común y un fondo de
moralidad que es imposible desconocer”.
Los personajes
Una vez conocido al perpetrador de la obra, entremos sin más
dilaciones a describir a sus protagonistas; tres hombres, de
muy distintos orígenes y oficios, piedras angulares de la
novela y sin los cuales hubiera sido imposible entender
ésta.
Empecemos, como no, por Grandal; un obrero, alto, de una
fuerza descomunal, bien intencionado y quizás pelín
inocente...¿acaso el autor no está describiendo a un hombre
de nuestra tierra?, ¿no es acaso la viva imagen de las
gentes de Ferrolterra?, ¿la imagen de hombres vigorosos y
trabajadores amantes de la justicia y la bondad?. ¿No es
acaso la descripción de un obrero de nuestra maestranza? ¿un
obrero de Astano?, o mejor dicho, ¿un obrero de la hoy nueva
Izar?, porque, ¿existen en realidad tantas diferencias entre
un obrero de ayer y un obrero de hoy?.
Todas estas preguntas tienen una simple contestación: sí;
Grandal era como cualquiera de nosotros y a nosotros está
dedicado el libro, como así recalca el autor antes de
adentrarnos en su lectura. Una obra dedicada a todos los
trabajadores ferrolanos que con su esfuerzo levantaron y
levantan nuestro pueblo, gentes sencillas que contribuyeron
y contribuyen a nuestro bienestar, pueblo anónimo nunca
reconocido por todos olvidado, pero que sin el cual, el hijo
más predilecto de nuestra ciudad no pasaría de ser un
gigante con pies de barro. Bien podríamos afirmar que sólo
la base de las cosas determina su fortaleza .
Siguiente personaje, D. Eduardo, oficial de marina,
caballero noble y de gran corazón....de nuevo me asaltan una
batería de preguntas... ¿sería osado afirmar que Ferrol se
lo debe todo a la Marina, su industria, su importancia, su
grandeza. su razón de ser y existir?..¿sería igualmente
posible afirmar que no se concibe la marina sin Ferrol?, ¿es
la marina y su cuerpo guardianes y defensores de nuestra
ciudad?. La respuesta a estas preguntas es igualmente
afirmativa, sin embargo ésta reflexión me obliga a
manifestar mi tristeza al contemplar como el verdadero ángel
protector de nuestra querida ciudad se la insulta
impunemente en cada esquina. No entiendo esa actitud, como
no se entiende nuestra tierra sin nuestra marina...dolorosa
realidad difícil de aceptar y comparable a lo que debe
sentir el padre que ve como le ridiculizan sus hijos
tachándole de antiguo, cuando paradójicamente éste lo dio
todo para su progreso.
Con que facilidad todo se olvida en éstos tiempos “modernos”
en los que vivimos.
Quien desprecia sus orígenes, desprecia su ser, y merece por
tanto ser calificado como de mal nacido.
Pero volvamos al personaje. Eduardo defensor de la Ley y el
orden, firme en el cumplimiento del deber, pero con el
corazón suficiente que diferencia a los grandes hombres y a
las grandes empresas, pues sin corazón no hay espíritu, no
hay fondo, no hay razón, no hay nada. El ser humano no
pasaría de ser una masa de carne hueca vagando sin sentido.
El amor es el verdadero motor del mundo, y es lo que nos
hace ser algo más que seres puramente mortales. Necesitamos
comer, beber, necesitamos -o creémos que necesitamos- muchas
cosas, pero también tenemos en nuestro interior algo de
divino, un trocito de Dios, que lo único que necesita para
realizarse es ofrecerse a los demás
El tercer protagonista, un cura, Fray Benito. Sabio,
magnánimo, calculador y a la vez bondadoso, tan humano como
cualquiera de nosotros. Pecador, sí pecador.. ¿Acaso hay
alguien libre del pecado?...¿Existe algún ser humano que no
haya caído en la tentación del maligno?. En este caso la
respuesta es no. Equivocarnos, nos equivocamos todos. El
error en sí no es lo importante, lo importante es aprender
de él. Como bien se dice en uno de los pasajes de la novela
“no hay pecado más grande que la misericordia de Dios,
siempre que éste pecado se lave con lágrimas de sincero
arrepentimiento”..pero Fray Benito nos enseña mucho
más...nos enseñá las bondades de la inteligencia, nos enseña
a imponer nuestra cordura frente a nuestros deseos, nos
muestra al fin, a cultivar nuestra alma, reflexionado sobre
nuestras acciones.
|
El primer impuso puede hacernos caer en el error, sin
embargo la prudencia siempre nos llevará al acierto.
Fuerza, corazón y inteligencia. Ya tenemos a los personajes,
ahora nos falta enmarcar a todos ellos...su
microcosmos..nuestro querido y entrañable Ferrol.
El Entorno
Es obvio que el autor aprovecha su novelado relato para
describirnos los lugares más bellos de nuestra ciudad
antigua. El amor a Ferrol está omnipresente en sus páginas.
¿Cómo no amar ese cielo, esa ría, esos montes?. Ferrol no es
un lugar cualquiera, quienes lo conocemos no nos cabe la
menor duda, sin embargo no es tan conocido por el resto de
los españoles como debiera. En mi opinión la obra trata de
suplir ese desconocimiento aprovechando la trama de la
novela con fines propagandísticos. Quizás fuera la primera
oficina de turismo de nuestra ciudad, eso sí, literaria.
Buen ejemplo de lo que decimos se plasma en los primeros
párrafos del capítulo cuarenta y ocho donde se nos describe
la que debió ser una soberbia y bellísima Alameda, paseo y
jardín principal del Ferrol antiguo, envidia de forasteros y
orgullo de los paisanos.
A uno le hubiera gustado conocer ese Ferrol de “ayer”, o en
su defecto que el Ferrol de “hoy” se pareciera lo más
posible a su pretérito. Juzgo de poca sensibilidad el error
cometido al cambiar de nombre alguna de nuestras más
emblemáticas calles, como por ejemplo la de la Cárcel Vieja.
Quizás este nombre no sea “politicamente” correcto, pero
borrarlo se nos antoja que es “históricamente” un desatino.
Ferrol está por encima de todo. Su historia es nuestro más
preciado legado. Es nuestro deber proteger su casco antiguo,
da igual la ideología que defendamos, Ferrol es más
importante...¡ a Ferrol no se le toca! salvo para lavarle la
cara y restaurar lo estrictamente necesario. ¿Qué pueblo de
España y del mundo puede presumir de un pasado tan azaroso y
a la vez tan interesante?. Algunos habrá, y entre ellos
estará Ferrol.
Hay cosas que se pueden y se deben cambiar. Hay otras que,
sin embargo, se deben cambiar y no hay manera humana de
mutarlas, pero siempre hay que tener presente que también
existen las que se podrían cambiar y no debemos permitir que
nunca se cambien.
Volviendo a la novela, podríamos asegurar, sin caer en las
garras de la exageración que Grandal es una humilde
descripción de Ferrol que imita dentro de sus limitaciones a
la magnífica obra de Montero Aróstegui, aunque seria necio
pretender la comparación con ésta última, ya que no acabaría
siendo odioso, sería ridículo, pero no por ello hay que
desmerecer la intención del autor que, de manera modesta nos
sitúa convenientemente en el entorno de sus personajes.
Las Tradiciones
Otra faceta que explota el autor es la difundir la cultura
ferrolana, utilizando sibilinamente a otro personaje, una
desdichada jovencita, Dolores. Su nombre ya lo dice todo,
pues baste recordar el profundo fervor que entonces se
profesaba a la “Virgen de los Dolores” en la desaparecida
iglesia castrense de San Fernando, que se encontraba en el
Cuadro de Esteiro, o en la antigua capilla de los Dolores de
Hospital de Marina. Aún hoy, podemos rendirla culto en la
capilla castrense de San Francisco. Dolores para un
ferrolano es mucho más que un simple nombre.
También rescata algunos usos y costumbres de antaño,
ilustrándonos de cosas muy curiosas como por ejemplo, de
como se diferenciaba a una casa con taberna de una casa
normal, ya que no era común en aquella época ponerles nombre
alguno. El autor nos explica lo fácil que era distinguir
unas de otras pues se utilizaba una señal inconfundible: si
sujeto a uno de los lados del frente de la casa colgaba un
ramo de laurel seco, no cabía duda, aquella casa era
taberna.
La política
No nos puede sorprender después de leídos los someros
apuntes biográficos con los que he comenzado este modesto
trabajo, que Francisco Suarez utilice descaradamente su obra
para hacer una apología de la República como forma ideal de
gobierno. A través de otro personaje, Andrés, nos da a
conocer las bondades de éste sistema político, haciendo a la
vez una descarnada crítica a la monarquía absolutista.
Quizás se nos antoje algo exagerado tan visceral odio, pero
no podemos olvidar que los principios del autor tienen su
reflejo en aquellos párrafos, donde de manera exagerada se
achacan todos los males al régimen monárquico.
Para Ferrol los periodos de apogeo y decadencia económica se
han ido alternando conforme se alternaba el trono Real. No
sería justo achacar toda la culpa a éstos, pues en todo lo
humano desde siempre ha habido y habrá personas buenas y
malas, capaces e incapaces. Sí estamos de acuerdo en que el
poder absoluto es abominable, sobre todo si descansa en una
sola mano, pues puede ser muy peligroso, ya que la vanidad
haría caer fácilmente al mandatario en la tentación de
pensar que es Dios.
No creé este autor que les escribe de manera total en
ninguna de estas formas de gobierno, aceptando la actual
señalando que es muy mejorable. De la misma manera que no
creo en el comunismo, tampoco creo en el capitalismo feroz.
Quizás todo se reduzca a fusionar ambos sistemas de
izquierdas y de derechas para alcanzar la aún lejana
igualdad social. Eso sí, siempre es necesaria la figura de
un árbitro, de alguien que por encima de las instituciones
represente la institución como tal, y que mejor que la
figura de un Rey dentro de una democracia constitucional.
Los pensamientos son libres y variados, el fin es sin
embargo único; que la humanidad se rija por unos valores
justos y tolerantes. Quedémonos con ésta idea y disculpemos,
si debemos disculpar a D. Francisco, entendiendo su ira
dentro de la difícil contexto histórico que le tocó vivir.
Termino estas breves reflexiones sobre “Grandal”, esperando
haber contribuido a ofrecer un enfoque distinto y más
profundo a la novela, a la vez que ruego al lector que
disculpe el desmesurado apasionamiento con la que ha sido
guiada mi pluma, fruto del amor y la nostalgia de mi tierra,
desgraciadamente, ahora para mi tan lejana. |