¿Por qué es necesaria esta Academia?
Recientemente ha saltado a la actualidad, con el conflicto
de Izar, el problema de la construcción naval en España. Al
final de la década de los ochenta quedo destruída la Marina
Mercante española. Pasó de 9 millones de TRB a 0.9. Como los
Astilleros ya no podían construir ni reparar barcos
españoles, se acometió una reconversión salvaje de los
mismos. Miles de obreros especializados, marineros,
oficiales, capitanes, etc pasaron a cobrar el paro y luego
jubilaciones anticipadas. Toda la industria auxiliar, desde
escotillas a grúas de carga, motores y un gran etc. tuvo que
cerrar y hasta la siderurgia sufrió las consecuencias
mientras el déficit de la balanza de fletes alcanzó el medio
billón anual de las antiguas pesetas. Los barcos se
vendieron al extranjero a precios ridículos. Se evitó
hacerlo a Armadores españoles para que no se conocieran las
cuentas en que iban a parar diferencias de precio y
comisiones. Un expolio semejante no hubiera sido posible en
ningún país marítimo.
Se producirán mas reconversiones y más despidos en los
astilleros españoles, porque sin una marina mercante que
construya y repare sus barcos no pueden subsistir, al menos
en sus dimensiones actuales. Sobre todo cuando ya se había
destruido el cabotaje nacional, asfixiado por anacrónicas
trabas burocráticas y administrativas en beneficio de
camiones y detrimento de las carreteras, lo que en un país
con 250 puertos, es suicida. Hoy Loyola de Palacios está
clamando por el “Short Sea Shipping”. Ningún país marítimo
habría cometido tal error.
En Palma de Mallorca como en los puertos del Caribe se ven
numerosísimos y gigantescos barcos de cruceros turísticos
entre ellos los famosos italianos de la línea C. Barcos
españoles, si los hubiera, gozarían de gran preferencia de
los turistas de habla hispana. Pero no somos un país
marítimo.
La navegación deportiva ha experimentado un crecimiento
importante gracias al aumento del nivel de vida en España,
pero aún sólo hay una embarcación por cada 300 habitantes,
mientras que en Italia hay una cada 75 y en Francia cada 40.
Sin mencionar a los escandinavos donde tienen una cada
cuatro, y eso con una climatología infinitamente peor que la
nuestra. Pero ellos son países marítimos.
Podríamos poner muchos más ejemplos: desde nuestra escasez
de novelistas y pintores marinistas, hasta la de barcos
históricos, no supimos ni conservar el “Galatea”, que se fue
al Reino Unido para engrosar los muchos que pueden admirarse
en Londres, en Greenwich... Pero no podemos compararnos con
un país marítimo.
En Portugal hay una Academia de la Marinha, quizá eso
influyó en que el pabellón portugués en la Expo de Lisboa
fuera infinitamente mas marinero que el español, donde se
podía admirar una magnifica colección de terracotas, que
nada tenia que ver con la mar y unos estupendos cuadros en
que el único marítimo era un Maifrein del puerto de
Barcelona. Pero Portugal quiere seguir siendo un país
marítimo.
Cuando ocurre un desastre marítimo tenemos que recurrir a
los remolcadores de Smit o Wesmüller por que los que tenemos
no son suficientemente potentes, tampoco tenemos batiscafos
y tenemos que alquilarlos a otros países que si son
marítimos.
Nuestras costas, especialmente en la de Cádiz y Sevilla,
están llenas de pecios de los galeones que sobrecalados y
con sus tablazones perforados por la broma y el teredo no
pudieron rendir viaje. Son expoliados por los aficionados y
los profesionales, como también lo hacen, estos últimos, con
los pecios del Caribe y luego nos venden parte de esos
expolios a precios exorbitantes mientras dejamos abiertos de
par en par nuestros archivos de Indias.
Lo que no haría ningún país marítimo.
Hace años había un Subsecretario de la Marina Mercante y
reunía periódicamente a un Consejo Ordenador para oír la
opinión de Navieros y Armadores. Hoy se ha reducido a un
Director General. Y estuvo a punto de desaparecer, como
también desapareció en su día el mencionado Consejo. Tampoco
se oye para nada a los marinos deportivos, academias de
náutica y demás interesados cuando se cambian reglamentos y
titulaciones.
Curiosamente se pretende exigir que un Director General
pueda tomar resoluciones de gran trascendencia en oposición
a los intereses locales de autoridades autonómicas de más
alto nivel, caso de recientes accidentes. El confusionismo e
ignorancia que siempre existió en España respecto a la mar
ha hecho que las competencias respecto a ella estén
repartidas en distintos Ministerios. Hasta la marina de
pesca fue desgajada de la marina mercante y transferida a
Agricultura.
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Hemos reunido en la Confederación Marítima Española mas de
treinta asociaciones marítimas que pretenden, cada una en
una esfera determinada, defender unos intereses, unos
valores culturales, unas actividades relacionadas con la
mar. Todas son necesarias, incluso imprescindibles, pero
debemos aspirar a algo más, a que la mar tenga el rango que
merece en una nación con el pasado de España, con su
presente condicionado por un 80% de su comercio exterior
realizado por vía marítima, sus 8000km de costa y un futuro
en el que con más de la mitad de su población asentada en la
costa, una industria que también elige esa situación, un
turismo náutico que terminará por crecer, una industria
pesquera y de acuicultura importantísima, etc, no puede
seguir viviendo de espaldas a la mar.
No podemos olvidar que la mar fué, es y será un nexo de
unión con las naciones hermanas de allende los mares, que la
mar es un factor de cohesión en una España que los
separatismos tratan de destruir.
Hace unos días un conocido diario publicaba un articulo bajo
el titulo de “Ciencia y cohesión nacional”. Se refería,
coincidiendo con nosotros, en el “objetivo de mejora de
nuestro sistema científico como un proyecto nacional capaz
de modificar sus energías” y se refería a importantes leyes
promulgadas desde el fin de la guerra civil hasta nuestros
días: la que creó el Consejo de Investigaciones Científicas
y la ley de Fomento y Coordinación General de la
Investigación científica. En ninguna se mencionan las
ciencias de la mar.
Desde hace tiempo la Real Liga Naval Española y la
Federación Internacional de Ligas y Asociaciones Navales y
Marítimas dedican parte de las conferencias en sus reuniones
anuales a tratar del cambio climático y el efecto
invernadero. Pero sobre todo en lo relacionado con la mar:
derretimiento de los casquetes polares, fenómenos del Niño y
de la Niña, aumento del nivel de los océanos, cambio en el
ciclo de vientos y mareas, transformación de la periocidad e
intensidad en el régimen de ciclones y
anticiclones.....Enviamos nuestras conclusiones a los
gobiernos, pero con mucha más autoridad y credibilidad lo
haría la Academia de la mar. El Pentágono de los EEUU ha
alertado recientemente sobre los riesgos del cambio
climático, que dará lugar incluso a guerras. Hay una ingente
labor histórica, científica, recopilación de voces y
términos marítimos en España e Hispanoamérica, actuación del
Derecho Marítimo donde tenemos aún vigente el libro III del
código de Comercio de 1885, en el que para reputar un barco
como hundido se exige que haya transcurrido sin noticias un
periodo de un año en viaje corto y dos en viaje largo, etc.
Esto en tiempos de comunicaciones instantáneas vía satelite.
Pero, ante todo, la gran misión de esta Academia seria la de
crear esa conciencia marítima cuya carencia hace que no
seamos un país marítimo y la de contribuir a esa cohesión
nacional tan necesaria para España.
Por ello la Real Liga Naval Española y la Confederación
Marítima Española hemos apoyado desde el primer momento y
hecha nuestra, la iniciativa de José Ventura de Olaguibel de
crear la Academia de la Mar. |