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CIENCIA DE ARMADORES |
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E.- Retirar el conspicuo cartelón del puente del barco una
vez transcurridos los años de vigencia de la hipoteca y
reembolsado el banco de su importe, mas los correspondientes
intereses. El barco había pasado a ser íntegramente de
Olympic Transportation, si no lo había vendido antes, con
hipoteca o sin ella, según acuerdos diferentes a que es
posible llegar en un mercado libre, teniendo como garantía
un barco por una parte y las sumas pagadas hasta el momento
del negocio nuevo, por la otra.
Onassis y muchos armadores ganarían montones de dinero y los
acreedores hipotecarios o, simplemente, los bancos
prestamistas con cualesquiera otras garantías, no corrieron
grandes riesgos si los fletes eran suficientemente
remuneradores o subían – y con ellos el precio de los barcos
– como ocurrió cuando quedó cerrado el tráfico a través del
Canal de Suez entre el 28 de Octubre de 1956 y el 13 de
Marzo de 1957, aunque los convoys de paso no se reanudaron
hasta el 18 de Abril de aquel mismo año.
Aquel cierre obligó a alargar el viaje y doblar el Cabo de
Buena Esperanza, en el extremo Sur de África, a todos los
barcos que llevaban petróleo crudo desde el Golfo Pérsico a
los puertos europeos y a los norteamericanos de la costa
Este y, como consecuencia de la prolongación de los viajes
de ida y vuelta, se necesitaron más buques petroleros,
poniéndose en servicio todos los que estaban ociosos y
acelerando, en lo posible, la entrega de cuantos había en
construcción, más grandes en su mayoría.
Pero, a partir de la reapertura del Canal de Suez o, mas
bien, cuando ya se normalizó el paso de los convoys diarios
después de limpiar bien las obstrucciones dejadas por la
guerra, la flota mundial de petroleros había aumentado a
toda prisa, el máximo posible en tal periodo, el consumo se
retrajo por aumento de los precios, empezaron a sobrar
barcos petroleros, con la consiguiente bajada de su valor en
el mercado y las navieras de Onassis y muchos armadores
empezaron a padecer y con ellas sus acreedores y sus
tripulantes, especialmente los de menos antigüedad, que eran
– éramos – despedidos con el preaviso, mínimo de siete días
y el pago del billete de retorno a casa, si se habían
trabajado siete o mas días desde el aviso de despido.
También fueron despedidos muchos tripulantes, mas antiguos,
cuando se agravó la crisis y los petroleros blancos y de
todos los colores fueron amarrando – en espera de mejores
tiempos – en diversos puertos de condiciones y situación
adecuada, Ferrol entre ellos, como dan testimonio las
imágenes adjuntas.
Los petroleros blancos de Onassis, en Ferrol y en otros
puertos donde amarraron tenían una dotación “en esqueleto”
que pasaba de un barco a otro con regularidad periódica para
arrancar y mantener todas sus máquinas y equipos en buen
funcionamiento. Muy probablemente Onassis consiguió
moratorias en los pagos de sus deudas e hipotecas y,
aparentemente, los barcos “ferrolanos”, por lo menos, no
cambiaron de dueño – armador solo disponente en algunos de
ellos – por venta a otros intereses o por ejecución de las
hipotecas u otras garantías.
Los bancos prestamistas, no estatales sino privados,
independientes y buenos conocedores de su oficio,
comprendieron que era mejor esperar a que pasase la
tormenta, como así sucedió. Aquellos barcos, nuevamente con
tripulación completa, volvieron a ganarse su porqué y
Onassis siguió siendo tan multimillonario como lo era al
principio de la crisis, a pesar de pagar a sus tripulantes
solo salarios algo superiores a la media internacional de
entonces, pero muy buenos en comparación con los de los
barcos españoles.
Esta política, sensata y lógica de bancos privados,
profesionales y solventes, contrasta con la seguida por el
Banco de Crédito a la Construcción, luego Banco de Crédito
Industrial – estatal, regido por políticos que gastaban
“pólvora del rey”, en lugar de banqueros de solera - que con
la “ayuda” de la S.G.B. (Sociedad de Gestión de Buques) y
bajo supremas órdenes del Gobierno del Partido Socialista
Obrero Español, desde 1982 en adelante, hicieron leña de la
Flota mercante española, vendiendo por UNO – en un mercado
deprimido – lo que los españoles ya habíamos pagado a DOCE,
como expongo con mayor detalle en mi libro “Los Barcos de
Pérez y Cía.”.
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El “Olympic Wind” navegando.- Foto: SKY FOTOS
El día 1 de Julio de 1957, cuando embarqué como segundo
oficial en el “Olympic Wind” - petrolero de Onassis, pintado
de blanco, construido en 1953, de 22.024 Toneladas de peso
muerto y propulsado por turbinas de vapor de 11.000 caballos
que le proporcionaban una velocidad de 16 nudos a plena
carga - lo que llamó mas mi atención del interior del
espacioso puente de gobierno fue un cartel de grandes
dimensiones, situado en un punto destacado, encima de una de
las ventanas frente al puesto del timonel, que, en letras
mayúsculas y traducido del inglés, decía:
ESTE BUQUE ES PROPIEDAD DE (aquí el nombre de un
mundialmente famoso banco de New York). ESTA FLETADO A
OLYMPIC TRANSPORTATION CO. DE MONROVIA, LIBERIA Y DE ACUERDO
CON LOS TERMINOS DEL CONTRATO DE FLETAMENTO, NI LOS
FLETADORES NI EL CAPITAN TIENEN DERECHO, FACULTAD O
AUTORIDAD PARA CREAR, INCURRIR O PERMITIR QUE SE ESTABLEZCA
SOBRE EL BUQUE GRAVAMEN ALGUNO, CUALQUIERA QUE SEA LA
NATURALEZA DE ÉSTE.
En la primera oportunidad, del día siguiente de la salida,
pregunté al capitán por detalles adicionales a tal texto y
recibí un seco, rotundo y prohibitivo ; None of your
business – nada de tu incumbencia – que, lejos de hacerme
desistir, avivó mi curiosidad.
Busqué entre todos los documentos de la oficina del buque y
no encontré la póliza de fletamento que aludía el cartel, ni
ninguna otra, pregunté al primer oficial – que ya había
obtenido el título de capitán en Grecia – y no me dio muchas
pistas al principio, pero, como insistí, acabó informándome
de que, en su opinión, aquel barco, como todos los nuevos de
armadores griegos, se habían construido con créditos
hipotecarios.
Ya sabía yo que en España la financiación de barcos nuevos
se hacía a través del Crédito Naval, también hipotecario,
pero cuando visité, en Escombreras, los puentes del
“Almirante F. Moreno” y su gemelo el “Almirante M. Vierna”,
no vi ningún cartel diciendo que fuesen propiedad del Banco
de Crédito a la Construcción, su acreedor hipotecario hasta
la cancelación de la correspondiente hipoteca, ni que la
Empresa Nacional Elcano fuese solo fletador en lugar de su
armador.
El sistema era, obviamente, diferente y la respuesta – que
tardé varios años en saber, por no haberme tropezado con el
correspondiente documento – radica en la póliza BARECON,
según texto del Baltic and International Maritime Conference
(BIMCO) – de fletamento a casco desnudo con opción de compra
o en otro contrato similar, que se usaban, y usan, en el
comercio marítimo internacional mucho antes de mediados de
1978, cuando el Gobierno español otorgó las cuatro primeras
autorizaciones, según mis noticias, de abanderamiento
exterior de buques españoles, todavía en construcción, cuyas
solicitudes – incluyendo traducción de pólizas de BIMCO y
otros documentos – elaboré yo mismo en Junio de 1978 y
sirvieron de referencia a todas las inmediatamente
posteriores, en España.
Contrastando con la rigidez y multitud de documentos y
gestiones necesarias en España, Aristóteles Onassis – ya
reputado y solvente armador y conocedor de todos los matices
del axioma el crédito es dinero – aumentó su flota con el
“Olympic Wind” – entre otros buques – por el simple e
internacionalmente reconocido sistema de:
A.- Consultar a los dioses del Olimpo o, simple “educated
guessing” - llegar a la educada conclusión - para
convencerse de que el comercio internacional estaba
necesitado de buques como aquel y apostar por ello.
B.- Obtener, si fuese posible – y lo era en muchos casos
para personas tan bien relacionadas como él – la garantía
documentada de que una importante compañía petrolera tomaría
en fletamento mínimamente remunerador tal buque, en el
momento de su entrega y por un número de años - con opción a
renovar o no – que garantizaban al menos una parte de la
financiación necesaria para ordenar su construcción. La
empresa petrolera obtenía a cambio unos fletes, aceptables
para sus cuentas, independientes de las variaciones del
mercado.
C.- Solicitar y obtener – con o sin el compromiso del
fletamento – del importante banco americano mencionado (cuyo
negocio, como el de todos los bancos, es comprar dinero
barato a sus depositantes y venderlo caro a sus
prestatarios) un crédito hipotecario sobre algo todavía
inexistente pero perfectamente definido en un pre-contrato
de construcción con plazos, fechas, planos y todas las
garantías que podía ofrecer A.G.Weser, astillero de alguna
forma tutelado por el Gobierno alemán, en pleno
resurgimiento de la exportación, o ya libre de cualquier
tutela.
D.- Poner en vigor - con el préstamo obtenido - el contrato
de construcción. Probablemente, aunque Olympic
Transportation fuese el armador final, no pagaba los plazos
al astillero, por cada certificación de obra, sino que lo
hacía directamente el banco americano, una vez que los
inspectores de Onassis daban el visto bueno a tales
certificaciones.
A)
Terminado y entregado el barco, empezaba éste a ganar fletes
y Olympic Transportation el pago periódico y puntual – el
buen pagador es dueño del dinero de los demás – al banco
hipotecario de una cantidad que incluía la devolución de
parte del dinero prestado mas los correspondientes
intereses. |
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PROA a la
mar |
N.º148 |
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