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Estoy seguro de que para la mayoría de los españoles la Copa
América es una competición de fútbol. Hay que añadir la
palabra vela para que puedan tener alguna pista. Y la verdad
es que no les culpo, pues, en España, a pesar de los
esfuerzos que se han venido haciendo por parte de algunas
instituciones privadas, entre ellas la Real Liga Naval, la
vela se ha visto como algo lejano. La gente del -mundo seco-
siempre ha jugado con tópicos de ricos para definir una
actividad que, en el caso de la vela ligera, supone la
modesta inversión de 1.000 euros para hacerse con un barco
de segunda mano; luego, y de momento, el uso de la mar y el
movimiento del aire son gratis. Además, como estos barcos
son transportables, tampoco se necesita una carísima amarra
donde atracarlos. Nos podemos servir de una rampa cada vez
que los usamos; con lo que ya no hay excusas.
Por todo esto que digo, es necesario que la “fantástica
noticia” de la concesión del desarrollo de las regatas de la
Copa América a la ciudad de Valencia venga acompañada de un
cambio radical en la política de gestión de la náutica
deportiva y de recreo. Sin ello, la celebración de este
evento pasará sin pena ni gloria para la población, que se
tendrá que contentar con presenciar el paso por televisión
de dos barcos de parecido aspecto, que se tumban a un lado y
a otro con pinta de volcar, mientras escuchan los
desafortunados comentarios de unos periodistas que hoy
hablan de vela, pero que mañana seguirán con noticias
políticas o ecos de sociedad.. Es urgente que mejoremos el
tratamiento fiscal de esta flota, con mucho la más grande de
España, y que simplifiquemos las leyes que la afectan,
poniendo el énfasis en lo verdaderamente importante, que en
definitiva es la seguridad. Tenemos que hacer una política
general de puertos y marinas en la que prime la
profesionalidad y el servicio, en lugar del exclusivo lucro
de sus concesionarios y explotadores; además de otorgar
ayudas a federaciones y clubes. Para terminar, y tratando de
seguir el impulso de este importantísimo acontecimiento,
recomendaría que la Dirección General de la Marina Mercante,
ya que tiene a la flota de recreo y deportiva bajo su manto,
cambie su nombre por el de Marina Civil; pues, estarán
ustedes conmigo que la Copa América tiene difícil acomodo
entre los señores de los contenedores y los petroleros. Hay
que crear la Subdirección General para la Navegación
Deportiva y de Recreo, para que contemos con gente
especializada que se preocupe de esta importantísima
actividad, que se mueve a caballo entre el deporte y el
turismo.
Las regatas de la Copa América generan tanto o más dinero
que un año completo de Fórmula 1, pero con el aliciente
económico añadido de que todas las pruebas se celebran en el
mismo lugar. Cada tripulación está compuesta por 16 marinos,
además de un numeroso equipo de tierra formado por
meteorólogos, estrategas, ingenieros, veleros,
suministradores, entrenadores con otros barcos iguales, y
varias docenas de personas que cuidan desde la comida hasta
la ropa, el calzado y la forma física de sus componentes.
Valencia posee el clima idóneo para ello, por eso se ha
decidido que se celebre allí. En general, sus vientos entran
dentro de los límites de la Copa, que no pueden pasar de los
19 nudos, unos 35 kilómetros por hora.
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Se utilizan barcos de 25 metros de eslora con una superficie
de vela de 320 metros cuadrados, aunque en cada edición se
ajustan estos y otros parámetros. Las regatas duran 6 meses,
entre desafíos, puestas a punto y las pruebas propiamente
dichas, aunque la ciudad se beneficiará durante 3 años del
evento con regatas de exhibición, entrenamientos de los
desafiantes y ajustes de tipo técnico y meteorológico. Todos
los sindicatos aspirantes a la Copa América compiten primero
entre ellos en la copa Louis Vuitton. De ahí sale el barco
que se enfrentará al actual poseedor de la Copa, en este
caso el sindicato suizo Alinghi. Sólo estos 2 veleros
disputarán la Copa América propiamente dicha.
Esta famosa competición se ha celebrado en Inglaterra,
Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, sólo cuando uno
de sus barcos ha logrado ganarla. Los norteamericanos fueron
los primeros en arrebatársela a los ingleses en 1850. Es la
prueba deportiva más antigua del mundo, con 152 años de
vida, anterior incluso a los Juegos Olímpicos modernos. La
Copa América es una excelente mezcla de honor, dinero,
historia, tecnología, política y más dinero.
Por todo ello, la oportunidad que se nos ofrece, sin haberla
ganado, por no tener Suiza mar y estar prohibido
desarrollarla en agua dulce -lagos o pantanos-, la debemos
aprovechar para disfrutar de ella, pero también para que
nuestros políticos y autoridades se decidan, por fin,
durante estos 3 años que faltan hasta el 2007, a desarrollar
el gran potencial que tenemos en náutica deportiva y de
recreo, dando a conocer a los españoles en general las
excelencias de la mar y los deportes que se pueden practicar
en ella. Como decía mi querido y admirado Almirante Martel,
hay que lograr la maritimidad de España; nuestra historia
marinera y los hombres que la protagonizaron se lo merecen.
Y la Real Liga Naval, que es la única asociación de España
que reúne entre sus miembros a las cuatro marinas, debe
tener un papel destacado en este empeño. Con ello,
conseguiremos que en el 2007 los españoles puedan disfrutar,
“con conocimiento de causa”, de uno de los más bellos
deportes ejecutados por los humanos, y que en definitiva
consiste en algo tan primitivo como es desplazarse por la
mar con la sola ayuda del viento. |