|

Volviendo al viejo derrotero, que nos sirve de guía en estas
singladuras heráldicas por las villas marineras del perfil
cántabro, leemos: << La costa, desde el Canto de Laredo,
sigue con dirección NW. el arenal de Laredo o de la Salvé,
hasta la boca de la ría de Santoña. La extremidad N. de este
vasto arenal constituye la llamada punta del Puntal del
Pasaje (...). La ría se divide en varios canales, siendo el
principal y más hondable el de Colindres, que es el que se
encuentra sobre la orilla meridional después de doblar la
punta del Puntal. Se dirige hacia el S. más de cuatro
millas, y termina cerca del pueblo de Rada, donde se le une
el riachuelo de este nombre. Dicho canal es sólo navegable
con buques de 3 a 4 metros de calado en pleamares grandes,
pues en las bajamares sólo hay 0,30 de metro de agua a causa
de que el bajo Carrancas, de arena, obstruye casi totalmente
el canal, extendiéndose tanto al NNE. como hacia la orilla
derecha>>.
Atentos a la derrota, y en buen navegar, llegamos a la
dársena del puerto de Colindres, que si bien en la
actualidad constituye un enclave balizado y protegido de los
vientos del 3º y 4º cuadrante, dotado de rampa de varadero y
carena, y de una adecuada disposición de atraques en fondos
de hasta 2,5 metros en las bajamares equinocciales, estaba
constituido en la Edad Media por una simple rampa y un “cai”,
muelle de mampostería de cal y canto, que por su debilidad
necesitaba con demasiada frecuencia obras de mantenimiento
no siempre practicadas con la celeridad necesaria.
Por el sur, en la carretera general de Santander a Bilbao y
apenas unos metros separado de los muelles, el llamado
Puente de Treto, construido a partir de la firma en 1894 del
proyecto del ingeniero Eduardo Miera, constituyó un claro
avance en las comunicaciones de una zona en la que Colindres,
desde tiempo inmemorial, había sido punto de referencia en
la difícil salida física de los productos castellanos hacia
el exterior.
La famosa Barca de Treto, en realidad una gran chalana
provista de andarivel para facilitar “halando a la sirga”
sus viajes de ida y vuelta con Colindres, hacia su periplo
por la parte más estrecha de la Ría del Asón, transportando
carromatos, animales de toda especie y personas. El tráfico
debía ser continuo si las condiciones lo permitían, pero muy
lento, y los derechos de paso pertenecían a los Señores de
la Casa de Velasco. La instalación del puente hizo que la
barca dejara de ser una realidad para adentrarse en los
caminos de la historia local en forma de chanza y
chascarrillo.

Se extendía Colindres en los tiempos medievales
en una faja de tierra limitada fundamentalmente por marismas
y arenales en su salida al mar, y por colinas con bosques de
robles, encinas, castaños y nogales en su zona continental,
donde la roturación de campos permitía el cultivo de la vid
para el vino de la tierra: el chacolí, cítricos en
abundancia exportables en naos, navíos y pinazas, y una
especie de trigo de baja calidad llamado “escanda”, que
terminaría siendo sustituido por el maíz al adaptarse mejor
este cultivo americano a las condiciones de humedad de la
franja cantábrica.
En ese paradisíaco entorno, el nombre de los barrios, en una
población muy fragmentada y dispersa, vendría a constituir
en el proceso de fijación de los apellidos la seña de
identidad de los linajes autóctonos: Serna, Mori(y), la
Puerta, Gil de la Redonda, Roç(s)illo, Santolaja y otros,
sin que podamos olvidar a los Castillo, Alvarado, Bolívar,
del Hoyo, Agüero, Cachupín o Escobedo, que si bien procedían
de lugares más o menos lejanos, su afincamiento en Colindres
se constata ya documentalmente desde comienzos del siglo XIV.
Todos ellos han dejado en las piedras armeras de sus torres,
palacios y casonas los símbolos heráldicos con los que
reconocer su estirpe, y en la historia de España, su
presencia y participación en acontecimientos de indudable
valor e interés.
Con la torre situada en el primer cuartel, el anterior
escudo de la villa de Colindres hacia referencia de forma
genérica a su condición de tierra de hidalgos, y de forma
expresa mereció significar la antigua torre de los Alvarado,
situada sobre una peña en el alto de Viar o de Villar, el
Gurugú actual. Una construcción singular, ya desaparecida,
que fue cuna de famosos conquistadores americanos de ese
ilustre linaje. Por otra parte, su condición de villa de
producción agrícola quedaba reflejada al colocar en el
segundo de los cuarteles del escudo uno de sus principales
cultivos medievales, el de la vid.
|
El diseño gráfico que recoge la Gran Enciclopedia
de Cantabria para las anteriores armas de la Villa presenta
el campo cortado. El 1º.: En plata, torreón hexagonal, de
gules (rojo), almenado, mazonado, de sable (negro), y
aclarado, de azur (azul). El 2º. : En oro, tres vástagos de
vid, de sinople (verde), bien ordenados.

Sin embargo, una representación en piedra de este mismo
escudo colocada en la base del monumento dedicado por la
Villa a su ilustre hijo: Fray Pablo de Colindres, Superior
General de la Orden Capuchina desde 1761 hasta 1766, año en
que fallece en Viena en olor de santidad, nos presenta ya un
castillo en el primer cuartel.
El Consejo de Gobierno de la Diputación Regional de
Cantabria, en reunión celebrada el 27 de mayo de 1993, y en
virtud de lo dispuesto en el artículo 22.2 de su Estatuto de
Autonomía, aprobó el Decreto 37/1993 de 3 de Junio por el
que se autorizaba al Ayuntamiento de Colindres a modificar
su escudo heráldico municipal. Lo hacia a instancia del
propio Ayuntamiento, que deseaba reflejar en él los hechos
más relevantes y peculiares de su pasado histórico, según
consta en el referido expediente, y tuvo en cuente el
informe favorable de la Real Academia de la Historia.
El Ayuntamiento de Colindres había hecho una consulta previa
al Centro de Estudios Montañeses, que ejerce de Cronista
Oficial de Cantabria, el cual recogió en su informe, emitido
el 18 de Agosto de 1991, tres hechos a destacar.
Se trataba en primer lugar de significar en el blasón la
presencia en Colindres de un importante astillero dedicado a
la construcción de galeones, llamado de Falgote o de Jalgote,
que desarrolló una gran actividad constructora a partir del
primer cuarto del siglo XVII, y de recordar a su vez la
abundante producción de cítricos en la demarcación de su
Concejo. Producción capaz de generar, por sí misma, un
importante flujo marítimo exportador hacia países como
Flandes, Inglaterra y Francia.
No obstante, se mantenía del anterior escudo de la Villa la
torre convertida definitivamente en castillo, para hacer
referencia, según el informe, al hecho de haber existido en
Colindres varios Aposentadores Reales emparentados, algunos
de ellos, con la familia de D. Juan de Escobedo, secretario
de D. Juan de Austria, en cuya torre-palacio de Colindres
residió algunos años D.ª Bárbara de Blomberg, la madre de
tan Serenísimo Señor.
La pretensión de Colindres resultaba razonable. Puestos a
modificar sus blasones, nada mejor para una población con
proyección marítima que reflejar en sus armas la actividad
constructora en el sector de la arquitectura naval. Los
trabajos de Arqueología del Mar llevados a cabo mediante el
desarrollo del proyecto denominado “El Astillero de
Colindres: recuperación arqueológica y documental de su
actividad” supusieron un documentado respaldo a la
resolución favorable del expediente de cambio.
Los trabajos del proyecto, desarrollados tanto en el campo
de la investigación documental como en los de la arqueología
subacuatica y naval, no sólo sirvieron para identificar el
punto de asentamiento físico del astillero en el paraje de
la Quinta, sino que dieron a conocer con mayor profundidad
el nivel y características de su ocupación.
Sin que fuera una novedad absoluta, siempre hubo algún tipo
de actividad constructora tanto en la bahía de Santoña como
en la Ría del Asón, el astillero de Jalgote venía a
representar un importante salto cualitativo por el tipo de
buques (galeones) cuya construcción se aborda, y por el
hecho de estar especialmente destinado a cubrir las
necesidades de la Corona.
Se iniciaron los trabajos con el “San Francisco” y el
“Nuestra Señora de los Remedios”, de 350 toneladas métricas
de arqueo cada uno, destinados a la Escuadra de las Cuatro
Villas, que respondían a los acuerdos de Bárcena Cicero de
octubre de1618. Después llegarían los que debido a los
nombres que recibieron serán conocidos como los cuatro
evangelistas. Tenían algo más de 800 toneladas de arqueo,
excepto el San Juan, que sólo sobrepasó en 24 las 700
previstas. Cuando finalizó su construcción en 1634 fueron
entregados en Santoña y destinado a la Armada de la Mar
Océana. A partir de aquí otros asientos se sucedieron,
llegando incluso con el Santísima Trinidad a las 1.600
toneladas . En cualquier caso, su entrega con el “San
Francisco”, y su salida para Cádiz en 1699 junto a otras
unidades foráneas, cerraba el capítulo en Colindres de la
“construcción naval de estado” propiamente dicha.
Tengo por costumbre, como no podía ser menos, abordar el
blasonado de las armerías desde mi propio saber, obviando
por tanto todo tipo de critica o comentario a la descripción
que otros hayan podido haber hecho ya, incluso las de los
documentos oficiales, que no son precisamente las más
acertadas desde el punto de vista de las leyes y del ritmo
descriptivo propios de la ciencia heráldica y, máxime,
cuando se trata de cuarteles marítimos, a los que no puedo
menos de dedicar una especial atención.
Digo por tanto, que el actual escudo de la villa de
Colindres se presenta, como todos los municipales del actual
periodo constitucional, en campo español y timbrado con la
corona real cerrada. Se trata de un escudo medio partido y
cortado: 1º.: En sinople, castillo, de plata, aclarado, de
lo mismo, y mazonado, de sable. 2º.: En oro, un limonero, al
natural, frutado, también de oro. 3º.: En azur, sobre
picaderos, un galeón de tres palos en construcción, de
estribor, calados los (palos) machos y asegurado en la grada
por puntales de costado, ocho vistos, todo de oro; cada
cofa, de lo mismo, con tres obenques, de sable.
Cap. Florentino Antón Reglero, M.M.E.
Del Colegio Heráldico de España y de las Indias
Miembro de la Real liga Naval Española
ARCHIVO DOCUMENTAL DEL AUTOR: Armas de Colindres: C/2-1993.
CISNEROS CUNCHILLOS M., PALACIO RAMOS R. y CASTANEDO GALÁ J.
M.: El astillero de Colindres (Cantabria) en la época de los
Austrias menores. Arqueología y Construcción Naval. Servicio
de Publicaciones de la Universidad de Cantabria, Santander,
1997.
GONZÁLEZ ECHEGARAY, M. C.: Colindres, un enclave sobre el
mar. Excmo. Ayuntamiento de Colindres Santander, 1990.
ORTIZ REAL, J. y BRÍGIDO GABIOLA, J.: Historia de Colindres.
Época Medieval y Moderna. Ayuntamiento de Colindres,
Colindres, 2000.
..../ Enciclopedia General del Mar. Tomos, IV-VI, Ediciones
Garriga, S.A., Barcelona, 1968. |