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ANTECEDENTES HISTÓRICOS.
Las primeras instalaciones portuarias
de que tenemos constancia en la península Ibérica
corresponden a las realizadas por los colonizadores del
mediterráneo oriental, que en busca de metales, llegaron a
estas costas hacia el siglo 8 aC. Cádiz y otros enclaves del
Mediterráneo cuentan con restos arqueológicos y evidencias
del intercambio marítimo y comercial.
El momento álgido del tráfico marítimo
en la antigüedad se produce en el siglo II, con la ocupación
romana. Se desarrolla un tráfico de cabotaje entre las
explotaciones agrícolas y la incipiente red de ciudades
costeras, y entre Roma y el levante. Cádiz, Cartagena y
Tarragona podrían ser los elementos principales de aquel
sistema peninsular.
La inestabilidad de la costa hace que
quedara prácticamente despoblada, salvo pequeños periodos,
por lo que la estructura portuaria peninsular mantuvo su
vigencia hasta finales del siglo XVIII, con muy pocas
variaciones. El califato de Córdoba estableció para el
Mediterráneo un sistema portuario basado en tres ciudades
arsenales; Almería, Denia y Tortosa, que tuvo dos siglos de
vigencia.
La aportación española más notable en
cuanto a organización portuaria se produce en su época
imperial, siglo XVI y XVII y XVIII, al establecer para la
conexión atlántica, un único puerto en cada continente,
donde se concentraba la carga y el establecimiento de flotas
navegando en conserva, como medida de protección.
Este sistema fue eficaz hasta la
primera Ley de Libre Comercio en 1753 y responde al modelo
castellano de organización medieval portuaria, en
contraposición al modelo de la corona de Aragón, basado en
una red extensa de ciudades portuarias, propio del mundo
mediterráneo.
Este sistema concentrado estuvo también
vigente en el Pacífico con el galeón de Manila, que unía
esta capital con Acapulco en México, en una línea regular
que funcionó casi doscientos años antes de que el capitán
Cook descubriera la navegación por esos mares. La línea
Manila-Acapulco-Veracruz-La Habana-Cádiz, de 30.000 Km. es
el sistema portuaria más espectacular creado por los
españoles, que tuvo vigencia desde 1576 hasta 1815, apenas
40 años antes de la apertura del canal de Suez.
El desarrollo del sistema portuario
peninsular fue tardío, especialmente en el Mediterráneo,
debido fundamentalmente en la falta de soberanía sobre ese
mar, y a la falta de refugios naturales en esta zona. Se
suele achacar este retraso al monopolio de Cádiz para el
comercio con América, pero creo que fueron más determinantes
las causas antes expuestas.
El primer intento serio de organizar un
sistema portuario se produce en el último tercio del siglo
XVIII, en época de la Ilustración. Se basó en tres grandes
arsenales, Ferrol, La Carraca y Cartagena. Fue el primer
sistema portuario peninsular. Para el resto del sistema,
fueron más los proyectos que las realizaciones. Se optó por
elegir los enclaves con buenas condiciones para obtener un
abrigo con facilidad, en contra del sistema posterior, que
apostó por las ciudades más dinámicas, tuvieran o no
condiciones marítimas.
La tecnología y los medios de la
época, no permitían acometer los diques exteriores y grandes
dragados. El desmoronamiento del Estado en época de Godoy,
la pérdida del poderío naval en Trafalgar, y el control de
Inglaterra sobre los mares peninsulares, impidieron el
comercio marítimo y el deseado desarrollo portuario.
Con la pérdida de las colonias hacia
1821, España vuelve los ojos hacia su suelo peninsular, pero
la inestabilidad de la época tampoco permitieron acometer
las obras portuarias hasta la segunda mitad de siglo.
Para fomentar el comercio marítimo se
comienza por reconocer los puertos naturales, labor
realizada por la Armada, Dirección de Hidrografía y otras
instituciones. El siguiente paso fue el Plan General de
Alumbrado de las Costas, de 1847, que conduce a la
construcción de la red de faros y balizamiento de puertos
naturales.
Es de notar que en esa época, no
demasiado lejano, tener un puerto era disponer de una playa
algo abrigada, una aguada y una luz para regresar a casa los
días de niebla o por las noches. Todavía no se demandan
obras de abrigo y la protección se basa en torres de defensa
y malecones con artillería. Fue la aparición del vapor, los
cascos de acero y el establecimiento de las líneas
regulares, lo que provocó un cambio descomunal en la
concepción de los puertos, que para el mediterráneo español,
desprovisto de abrigos naturales, supuso la construcción de
escolleras y otras instalaciones, desconocidas en otras
latitudes.
El R.D. de 1851, sobre Obras Publicas,
establece las bases para la construcción de los puertos, y
fija en 13 el número de puertos de interés general.
Barcelona, Valencia, Málaga, Palma, Sevilla, Vigo, Santander
y los de refugio de Mahón, Los Alfaques, Cádiz, Bilbao,
rosas y uno en Asturias.
La primera ley específica de puertos es
de 1880 y mantiene en 13 el número de puertos de interés
general, aunque permite la existencia de puertos locales y
provinciales. La gestión del sistema depende de la
administración central.
Esta política de concentración no pudo
mantenerse por la inestabilidad política y en 1903, el
número de puertos autorizados de interés general llegó a
121, que es una cifra exagerada. El resultado ha sido un
sistema atomizado y la dispersión de la inversión. Por otro
lado, esta dispersión favoreció el desarrollo agrario
mediante la navegación de cabotaje, vigente fundamentalmente
entre 1840 y 1940, que empezó a decaer con la mejora de la
red de carreteras y el aumento de rendimiento de los grandes
puertos.
A primeros del siglo XX aparece la
crisis debido a la guerra arancelaria y a la filoxera, que
arruino los viñedos de Europa. Fue la primera crisis de la
globalización y el comercio mundial se resintió durante
décadas. El mundo marinero, dedicado al transbordo de las
playas y embarcaderos a los buques fondeados entra en
crisis. La existencia de los muelles en lso grandes puertos
deja en el para a estos colectivos, que crearon potentes
sindicatos de estibadores cuya fuerza todavía persiste y que
supone un freno a la modernización de los puertos.
La pesca, que era una actividad
económica irrelevante, con apenas un 5% de población activa
en 1895, para a ocupar el 30% de la población de los
municipios costeros en 1925. Este cambio debido a sucesivas
crisis sociales por la falta de industrialización, originó
la creación de puertos de refugio para pescadores, que se
concreta en un plan nacional de 1925. Es el origen de una
nueva tanda de puertos, generalmente pequeños o antiguos
puertos comerciales que se incorporan a esta función.
La fase constructiva se inicia hacia
1935, pero no se alcanza un ritmo fuerte hasta 1945, en
plena postguerra. La economía autárquica del momento
favorece este tipo de actividad, que absorbe gran cantidad
de mano de obra.
Los puertos comerciales comienzan una
nueva fase de actividad hacia 1966 con la ley del régimen
financiero, a la que sigue la Ley sobre Juntas de puertos y
estatuto de Autonomía, de 1968, hasta la Ley de Puertos y
marina Mercante, de 1992, que supone un gran cambio en la
modernización de la gestión portuaria, con modificaciones en
1997 y otra en curso, de mayor calado que luego
comentaremos.
La aparición del contenedor de nuestros
puertos, el aumento del tamaño de los barcos de carga
general contenedorizada. La aparición de las empresas
logísticas y la introducción del sistema intermodal para el
transporte están provocando un cambio radical en la
concepción de los puertos, de igual o superior magnitud que
la provocada por la extensión del vapor y las líneas
regulares a mediados del siglo XIX. Son necesarios nuevos
muelles con plataformas más amplias, pero los retos están en
la gestión e integración.
Al margen de la integración de los
puertos en las cadenas logísticas, hay un nuevo elemento a
considerar, de no poca importancia para su gestión, que es
la utilización de los espacios obsoletos para fines no
portuarios, incluido el comercial, ocio y esparcimiento. En
los últimos treinta años se ha producido la demolición de
las vallas que separaban puerto y ciudad y se han
incorporado a ésta, espacios de oportunidad, centrales y de
gran valor, que permiten en algunos casos la financiación de
las obras de modernización.
El último impulso en la construcción de
puertos viene como consecuencia del desarrollo turístico. La
Ley de Puertos Deportivos de 1969 y la Ley de Centros y
Zonas de Interés Turístico de 1963, abre ésta posibilidad,
con la que se han construido más de cien instalaciones. La
Ley de Costas de 1982 y la reglamentación medio ambiental
frenaron radicalmente éste proceso, que hoy está
prácticamente estabilizado.
El sistema portuario español cuenta con
unos 257 puertos de todo tipo, de los que 50 son puertos de
interés general, encuadrados en 27 Autoridades Portuarias,
gestionadas por el Estado y el resto son mixtos o
deportivos, gestionados por las 10 CC.AA. |
LA GESTIÓN DEL SISTEMA PORTUARIO.
El sistema portuario peninsular del
XVIII se concebía como bases para la flota. En el siglo XIX,
los puertos eran puntos aislados de carga, descarga y
almacenamiento de mercancías y servicios básicos a la
navegación. Las Juntas de Obras de los puertos a finales del
siglo XIX se preocupaban de la construcción y financiación
de las obras. El interés por la gestión arranca en 1968 con
la creación de los puertos autónomos, y de una forma
decidida, en 1992, con la creación del ente Puertos del
Estado y las AA.PP. Hoy, los puertos, son espacios donde
operan las empresas logísticas, lo que de un modo u otro,
transformará el modelo de gestión.
Ni siquiera en la concepción clásica,
los puertos debieron ser considerados como puntos terminales
de las redes del transporte. Los puertos siempre forman
parte de los itinerarios o rutas marinas y comparten
tecnología de transporte, recipientes, embarcaciones,
comercio, etc. Esta es la aceptación más usual de lo que se
denomina “sistema portuario”, aunque ahora estemos hablando
del sistema peninsular, como estructura general del
transporte de un espacio continental.
Hoy, esta concepción operativa está
superada. Hablamos del sistema de puertos como del sistema
de infraestructuras ferroviales o de aeropuertos, que son
meros eslabones de las cadenas logísticas. El transporte
intermodal gestionado por los operadores, la generalización
de los contenedores y los nuevos modos logísticos han
cambiado radicalmente la concepción de puertos.
Respecto al modelo de administración y
gestión portuaria, existe en el mundo todo tipo de
soluciones, caracterizados por el papel que desempeña la
Autoridad Portuaria, pudiendo distinguirse los siguientes
directamente:
1)
Modelo de “Puerto-Operador”,
en que la Autoridad Portuaria planifica, construye y ofrece
todos los servicios, e incluso contrata a los empleados y
trabajadores directamente.
2)
Modelo “Puerto-Instrumental”,
en que la Autoridad
Portuaria es propietaria de la infraestructura, y también de
los equipos(grúas). La empresa privada se limita a gestionar
servicios, utilizando los activos portuarios a través de
concesiones o autorizaciones. A este modelo responden, por
ejemplo, puertos tan distantes como los de Amberes y Seattle.
3)
Modelo de “Puerto-Landlord”,
en que la Autoridad
Portuaria deja por completo de ser la operadora portuaria,
provee la necesaria infraestructura y otorga concesiones al
sector privado para la operación de lo terminales y
servicios complementarios. La autoridad portuaria es dueña
de la infraestructura, pero limita su papel a proveer de
infraestructuras a los agentes privados, por medio de
concesiones y autorizaciones, correspondiendo a éstos la
inversión en superestructuras (grúas, almacenes,
depósitos,...) y la prestación de los servicios.
4)
Modelo “Puerto Privado”,
en que las infraestructuras,
las superestructuras y los servicios son aportados y
gestionados por la iniciativa privada.
En la década de los años 90 del Siglo
XX muchos países han realizado importes cambios en la
legislación, la administración y la gestión portuaria. En
algunos países la administración de los principales puertos
fue privatizada, en otros fue descentralizada y traspasada a
administraciones territoriales (estados, provincias,
regiones, ciudades).
En cualquier caso, el sistema de
gestión pública sigue siendo el más generalizado en el mundo
y el mayoritario en Europa, aunque con diferentes grados y
matices. En los últimos años se está incrementando la
presencia de los agentes privados en las principales
terminales y en los servicios operativos, adoptando el
modelo “Landlord”, término anglosajón en el ámbito del
derecho privado, que corresponde a la figura del
propietario-arrendador de un bien inmueble.
El modelo “Puerto-Landlord” implica una
liberalización en el sentido de limitación o reducción de la
intervención de la Administración Pública en la gestión
portuaria, quedando encomendadas a los operadores privados,
mediante concesiones y autorizaciones, la provisión de los
servicios portuarios e incluso de las superestructuras que
se precisen al efecto.
El papel de la Administración queda
reducido a la gestión de la infraestructura portuaria de su
titularidad, establecido, gestionado y recaudando los
cánones correspondientes a dichas autorizaciones y
concesiones, y acometiendo la planificación de las posibles
necesidades de infraestructuras básicas que vayan
produciéndose en el tiempo. De este modo, las Autoridades
Portuarias se limitarían a supervisar los servicios que se
desarrollan por los operadores privados en régimen de
competencia regulada.
Esa “liberación” no debe confundirse,
por tanto, con la “privatización”, en el sentido de traspaso
a manos privadas de la titularidad de los puertos.
Veremos a continuación que hay una
clara tendencia para la gestión de puertos al modelo “Landlord”,
pero con matizaciones para cada su-sistema portuario.
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