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SOBRE METOPAS Y OTRAS HIERBAS

   
Hace cinco años inicie unos ciclos de conferencias por todo el territorio nacional hablando sobre la obra de España en América y sobre esa “Leyenda Negra” que soportamos los españoles desde hace cuatro siglos; la de haber cometido un inmenso genocidio en el Nuevo Mundo, “atención” que debemos al prestigioso P. Fray Bartolomé de Las Casas, tan venerado en aquel Continente.


Pues bien, con motivo de dar una de estas conferencias en una prestigiosa unidad militar, por mor de mi padre, fui agasajado con un precioso adorno llamado “metopa”, donde iban grabadas armas e insignias militares. Al llegar a mi casa mostré el regalo a mi hijo, diciéndole: “Mira que metopa me han regalado”. Él me contestó: “Si, es muy bonita, pero eso no es una metopa”. “¡Cómo!,- dije yo- entonces ¿qué es?. “ No lo se. Pero eso que te han regalado no es una metopa. Se llama metopa al espacio que hay entre dos triglifos en los frisos dóricos de los templos griegos clásicos. Puedes mirarlo en el Diccionario”. En efecto, me apresuré a mirarlo en varios diccionarios y todos decían lo apuntado por mi hijo, que es licenciado en Geografía e Historia, sección de Arqueología y tenia, por tanto, muchas razones para afirmar lo que decía. Entonces ¿cómo se llama esto?, me preguntaba yo y a otras personas; nadie sabia qué responderme.
Pasado algún tiempo, dos amigos que visitaron mi casa, uno después de otro-donde yo mostraba con orgullo varios ejemplares de estas “metopas”-coincidieron con mi hijo, aunque el segundo de ellos (experto en decoración de interiores) me comentó que esas cosas se llaman panoplias. Yo, incrédulo, le explique lo que tenia por tales adornos de origen medieval. El replico que, por extensión y en pequeña medida, había que llamarlos así. Consultados varios diccionarios todos coincidían, más o menos, en esta nueva denominación porque, lo que era evidente, es que aquella otra primera había que rechazarla de plano, pues no tenía más que aquella acepción del arte arquitectónico de la antigua Grecia.


Mi natural ansia por conocer el verdadero nombre de aquellos regalos tan decorativos iba un miembro muy conocido de la Real Academia Española de la Lengua (por sus artículos de prensa), cuyo nombre no quiero citar y quien, a mi pregunta sobre que nombre había que darle a aquellos objetos, contesto que “no eran metopas”, de forma que me quedé con un palmo de narices.
He de reconocer que mi deseo por poseer en mi casa esta panoplias (¿) data de hace muchos años, cuando veía en casa de militares, familiares o amigos, estos adornos que me entusiasmaban pero que creía ser privativos de ellos solamente por su condición de militares.


Hace escasamente un año fui a visitar a un querido primo carnal-y además ahijado- más joven que yo, que pocos meses más tarde ascendió al empleo de Capitán de Fragata de la Marina de Guerra española. Y a él le fui con el cuento.


Según parece, la historia es la siguiente:
Los cañones de los buques de la Armada llevan unos tapones para evitar que el agua del mar penetre en ellos. Tales tapones suelen ser de madera, de corcho o incluso metálicos, y los días de fiesta son sustituidos por otros más floridos o artísticos. Están pintados de diversos colores, tienen dibujos del barco con enseñas o motivos marineros. Pues bien, hace muchos años –quizás cincuenta- un avispado oficial de la Marina de Guerra ideó decorar la cámara de oficiales del barco o su propio camarote con uno de aquellos tapones que denomino metopa, no sabemos porqué, ni seguramente lo sabremos nunca a menos que haya explicado su idea a alguno de sus hijos o amigos que lean estas lineas.
La idea caló en el estamento militar: De la Marina pasó al Ejercito de Tierra y de éste al de la Aeronáutica. Todos tienen abundancia de “metopas” y no hay unidad militar, por pequeño que ésta sea, que no tenga una o varias. Grupos, regimientos, brigadas, alas de combate, buques, bases, arsenales, etc. rivalizan en esta serie interminable de objetos, por demás extraordinariamente decorativos.

Después de conocer a fondo esta historia artístico-militar, la he comentado en diversas ocasiones después de mis citadas conferencias, a la hora del almuerzo. La mayoria de los oyentes se inclinan ante mi lógico razonamiento, pero siempre hay algunos que me dicen: “pues yo seguiré llamando metopas”. “Bueno, digo yo más no puedo decirle”. Y ahí queda todo.


Lo que antecede podrá producir hilaridad o dudas en quienes me lean. Les aseguro que yo sigo luchando por conocer el verdadero nombre –aunque ya estoy medio convencido-de estos dichosos elementos decorativos que, desde luego, constituyen objetos artísticos de un gusto excepcional la mayor parte de ellos y que, una vez conocidos, son de lo más apreciados por su belleza decorativa.


Aquellos lectores que no hayan estado nunca en un Ministerio Militar, Cuartel General, Comandancia de Marina, cuartel, centro de enseñanza, base aérea, buque de guerra, etc. no saben lo que se pierden y por ello tendré sumo gusto en explicarles como son: Se trata normalmente de una base de madera o metálica de un tamaño de un medio folio, rectangular o delineado como un pequeño escudo, sobre el cual van pintados, grabados o incrustados motivos guerreros, metalicos o de cerámica: Un barco, un avión, un fusil, un carro de combate, un gorro, a veces mezclamos entre sí con banderas, banderines, insignias o motivos militares; siempre con una leyenda alusiva a la Unidad que represente.


Les aseguro que el poseer varias de estas panoplias con el nombre de uno mismo alusivo al acto o conferencia dada en determinado lugar, constituye un motivo de orgullo y complacencia. Espero que muchos de Uds. puedan algún día decorar su escritorio o cuarto de estar con estos objetos tan decorativos.

 

Juan Luis Beceiro García.
 

   
PROA a la mar

N.º148