Tu relato: Meditación


En los primeros años de vida sobre cubierta, este "viejo marino" que estas cuartillas os dedica no esperaba encontrar tantos escollos, ni tantos bajos cerca de la costa, ni tanto cascajo revuelto entre la arena.

No soñaba tener que navegar contra corriente, falto de brisa y cuando más espesa era la niebla; pero sí tenía la esperanza que algún día, un golpe franco de viento le esperaba.

Y así fue: cambió el tiempo, el viento y la marea; bajó el manómetro y soplaron tifones y huracanes, y el viejo capitán, firme a la caña, después de una dura y larga travesía, logró arribar al puerto deseado y fondear al socaire de una bella y tranquila cala mallorquina.

En la placidez de su refugio, ahora recuerdo -con la irónica satisfacción que da el pasado-, una noche en un viejo vapor ya desguazado, capeando un duro temporal de "tramontana". En un rincón del puente de mando de aquel barco; mojados, fríos y asustados, se volvió hacia él su bravo capitán canturreando un viejo refrán mallorquín de algún suburbio:

"Si de ésta escapo y no muero
mucho tendré que contar
¡punta de Cala Figuera
quién te pudiera pillar!"

He pensado muchas veces en el sentido de esos versos y me alegro de haberlos aprendido, pues disfruto ahora chupando una vieja pipa ya vacía y tumbado en una hamaca amarrada entre los pinos, del tranquilo descanso merecido. Soy ahora uno más entre los "viejos" que leen las novelas de Conrad, Grieg y otros marinos y por ello, me surtiría complacido, si observaseis turbar con nimiedades mi nostálgico soñar de lo vivido.

Después de haber leído, si lo hacéis, este corto y sencillo escrito en que termino; contemplad de vez en cuando mi último dibujo y veréis en él, cuanto sosiego y cuanta paz hay en el conjunto, porque me siento feliz siempre que observo, que alguien mira con cariño lo "pintado", cuando hace tiempo que ya "nada pinto".

Albatros 
F.G.