| Viaje el Ecuador | |
| Ecuador goza de algunas de las más extraordinarias maravillas de nuestro viejo planeta. Tal vez por ello y por su excepcional ubicación geográfica y variedad cultural podamos afirmar que, pisando esta perla del Pacífico, comenzamos una maravillosa aventura por el mismísimo centro de la Tierra. | ![]() |
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Cuando el frío invernal se ha asentado en la vieja Europa la mirada se vuelve inevitablemente hacia tierras más cálidas. De este modo es frecuente encontrarse impregnado de un cierto aroma latino que reclama nuetra presencia en el Nuevo Mundo. Las opciones itinerantes que se nos presentan son infinitas pero en esta ocasión nos atrevemos a iniciar un maravilloso periplo por uno de esos países de ensueño y fantasía: Ecuador. Ubicado en el centro de América Latina, entre Colombia y Perú, atravesado por la línea del Ecuador (de ahí su nombre) la República del Ecuador, se configura como un pequeño país que se halla dividido en cuatro regiones totalmente diferentes: Costa (frente al Océano Pacífico), Sierra (zona montañosa y volcánica de la cordillera de los Andes), Amazonía (selva virgen amazónica), y por supuesto las Islas Galápagos (zona insular volcánica ubicadas aproximadamente a 1000 Kms. del Ecuador Continental). Iniciamos
nuestro viaje por la zona central, por la Sierra, y en concreto
en Quito, capital del País. En sus calles
resplandece un claro pasado colonial, mezclado sabiamente con los nuevos
aires que de gran metrópoli van surgiendo en su suelo y sus costumbres.
Unos 800.000 habitantes pueblan esta gran ciudad, sede del gobierno e
instituciones. Situado en plena Sierra sorprende por la variedad de su
arquitectura y la proliferación de sus museos: Museo Jacinto Jujon y
Caamaño en el que conjuntamente con el Museo Nacional de Arte
Colonial disfrutaremos del arte colonial y de la selección de obras
de la Escuela Quiteña, Esculturas y Artesanía de éste último. Museo
Wilbauer-Porras conservatorio de los más importantes restos arqueológicos
del País, o el Museo Arqueológico del Banco Central en el que
encontraremos piezas arqueológicas, de la prehistoria, del arte
colonial y modernismo. Culminamos este iter cultural y museístico con
el afamado Museo Fundación Cinco guardián de las pinturas del
artista ecuatoriano Camilo Egas. Desde estos lugares nos trasladamos a la misteriosa Amazonía. Selva poblada por múltiples etnias de entre las que destaca por méritos propios la población de jíbaros. Más de 40.000 seres que conservan sus peculiaridades frente a los tristes vientos de una modernidad asoladora, y que se prestan hospitalarios al visitante respetuoso con su pueblo. Vegetación y fauna espectaculares que pueden ser conocidas de cerca por el visitante más arrojado. Parque Nacional Sangay, zona arqueológica con unas 1.200 pirámides, minas de oro y plata, Cueva de los Tayos en el valle del Coangos, son algunos de los fantásticos atractivos de la selva. La costa espera nuestro paso. Tras visitar Esmeralda o las empinadas y angostas calles de Zaruma, Guayaquil aparece en el horizonte como la ciudad más populosa y cosmopolita de cuantas conforman la República. El barrio de las peñas, La Casa de la Cultura son de obligada visita. Del mismo modo y al sur de la ciudad adornada con un monumento, obra del pintor y escultor Oswaldo Guayasamín, se encuentra la plaza del Centro Cívico destinado a convenciones y exposiciones, donde se levanta un moderno Teatro de Arte. Los Museos del Banco Central, el del Municipio, el de Francisco Campos, el de Naim Isaías Barquet, el de Calderón o el de Arte Moderno representan parte de la oferta cultural de esta magnífica ciudad. Ello sin olvidarnos del puerto, cuyo paseo nocturno se torna más que gratificante. Finalmente nos espera la gran sorpresa de las Islas Galápagos: una de las maravillas que aún posee el mundo, pueden ser visitadas tomando un vuelo o en barco, encontrando en ellas exótica flora y amigable fauna que no se pueden encontrar en otra parte del mundo. En definitiva nos encontramos ante uno de los más hermosos países de la tierra. Pequeño en extensión pero grande en oferta turística y en el que el viajero puede desayunar escuchando el arrullo de las olas del mar, almorzar al medio día entre las nieves de cualquier volcán de la serranía y finalmente al atardecer, cenar en la espesura de la inmensa selva amazónica, para descansar en medio del misterioso ruido de las aves y animales salvajes, que en ella habitan; todo esto puede hacerlo en un solo día y viajando en automóvil, dejando para ulterior jornada la sorprendente visita y estancia en la zona insular. Bellísimo país que se ubica allá donde los sueños se revuelven inquietos entre la monumentalidad, la tradición y la aventura, acogidos por la hospitalidad de unas gentes sencillas y grandes a un mismo tiempo y que cuentan con la fortuna de habitar lo que podemos reconocer como el único y magnífico centro de la Tierra. Fuente:OcioTotal |
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